Está comprobado que las enfermedades mentales han aumentado en estos últimos tiempos, a tal punto que se calcula que un 10 % de la población mundial está afectada por alguna de estas patologías, siendo las más comunes la depresión y los trastornos de ansiedad.
Ante esta situación hay que tener en cuenta que cuando se padece una enfermedad mental se afecta la capacidad y la autonomía para pensar o actuar, surgiendo en el paciente dificultades para vincularse y grandes limitaciones para alcanzar calidad de vida.
También es causal de incapacidad funcional y de que la persona afectada sufra las más crueles discriminaciones que van desde la pública, por la falta de aceptación y contención en los ámbitos social y laboral, hasta la referida a la asignación de presupuesto en salud mental, al disponerse, a nivel gubernamental, menos del 10% para los tratamientos y atención correspondiente.
El acceso al sistema de salud es otro obstáculo que encuentran los pacientes, y esto lleva a que en países como el nuestro solo un 10% de la población afectada por enfermedades mentales tenga la posibilidad de acceder a un tratamiento. De cada 3 personas que sufre alguna enfermedad mental, solo 1 tiene la posibilidad de acceder a un tratamiento adecuado, a través de profesionales especializados.
Ante este panorama sería muy interesante que se implementen acciones sanitarias para mejorar los presupuestos y que la población acepte la existencia de las enfermedades mentales al mismo nivel que las físicas. Solo de esa forma las personas afectadas sentirán que están siendo tratados como corresponde, sobre todo con el respeto que se merecen.
