Este año, más concretamente el 9 de marzo, se cumple el Bicentenario de la llegada del General San Martín a nuestra Patria. Arribó al puerto de Buenos Aires en la Fragata George Canning, procedente de Londres.
Hace poco tiempo, el profesor Edgardo Mendoza publicó un artículo en este diario titulado "Sin pruebas que indiquen que San Martín cruzó la cordillera enfermo". Sólo algunos escritores hablan del mal que, supuestamente, afectó al Libertador y ninguno aporta datos precisos.
El trabajo señalado nos obliga a realizar las aclaraciones necesarias para informar que existen datos documentales muy precisos que demuestran que el general San Martín padecía una afección respiratoria, y que en una ocasión debió ser transportado en camilla a través de la Cordillera de los Andes.
Respecto de la existencia de una afección respiratoria en el Libertador, existen los siguientes testimonios: en un Oficio que hace San Martín desde Mendoza, al Superior Gobierno solicitando licencia, con fecha 27 de agosto de 1815 manifiesta: "El deplorable estado de salud me hizo tener ayer una junta de facultativos; éstos de común parecer opinaron que mi existencia no prolongárase arriba de un año si inmediatamente no mudaba de temperamento y seguía una vida tranquila, hasta reponerme; sin esta consulta ya estaba bien persuadido de esta verdad: tres meses hace Exmo. Señor que para dormir un breve rato debo hacerlo sentado en una silla…" (Archivo General de la Nación Argentina. Paso de los Andes y Campaña Libertadora de Chile. Vol. I). Esta posición de sentado, que el mismo San Martín describe, se denomina "ortopnea", y cuando se debe a insuficiencia respiratoria, se explica porque al descender por gravedad las vísceras abdominales permiten que baje el diafragma, lo que aumenta la capacidad de la caja torácica.
En marzo de 1817, después de la batalla de Chacabuco, San Martín se siente muy mal al atravesar la cordillera y debe detenerse dos días en Uspallata para descansar antes de proseguir hacia la ciudad de Mendoza, le escribe a su amigo O’Higgins y le dice "’…pues la fatiga al pecho no me permite marchar”. (Archivo de Don Bernardo O’Higgins. Santiago de Chile, 1951. Tomo VIII).
A mediados del año siguiente, 1818 le escribe desde Mendoza a su amigo Don Tomás Godoy Cruz y le dice: "Mi estimado amigo: llegué a este 20 felizmente, aunque estropeado por mis ahogos y penoso viaje".
En diciembre de 1819 le envía desde Mendoza un oficio al Director Supremo en el que le reitera su solicitud para ser relevado del mando del Ejército, y le dice: "Mi enfermedad al pecho no me permitiría por mucho tiempo dedicarme a trabajo alguno”.
En otra carta que le envía a O’Higgins en 1823 vuelve a decirle: "Sigo reponiéndome; pero la fatiga, aunque disminuida, me incomoda bastante".
Existen, asimismo, testimonios sobre la enfermedad respiratoria de San Martín, que se encuentran en documentos producidos por otras personas, y que atestiguan también la existencia de la disnea en el Libertador.
Dicho esto, podemos decir que es intrépido expresar que "’solo algunos escritos hablan del mal que, supuestamente, afectó al Libertador y ninguno aporta datos precisos”.
Hay que considerar que los doctores José Raúl Buroni, Diego Rivas Pérez y María Laura Buroni han realizado un meduloso y profundo estudio sobre la etiología de la afección respiratoria del Padre de la Patria, que volcaron en el trabajo "General Don José de San Martín. El origen extraparenquimatoso de su afección respiratoria”, que fue laureado con el Premio "Ateneo de Historia de la Medicina” correspondiente al 2010, que otorga la Cátedra de Humanidades Médicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Los estudios médicos han demostrado que la disnea que producen las afecciones respiratorias pueden agravarse por anemia (en el caso del general San Martín por las hemorragias digestivas que sufrió) y por la disminución de la tensión parcial de oxígeno en el aire atmosférico (situación que produce la altura, al cruzar la cordillera).
Está perfectamente documentado que a fines de 1819 San Martín debió cruzar los Andes hacia Chile, en una camilla y a hombro de sus soldados.
El general Rudesindo Alvarado da testimonio de ello, cuando dice: "Mis cuidados crecían al observar que los males del general San Martín se agravaban notablemente y habían llegado al punto de hacerse preciso le ocultara todas las comunicaciones que se le dirigían y que yo contestaba. Me afligía fuertemente el conocimiento que me asintió de que la disciplina del Batallón Cazadores, de San Juan, se hallaba muy relajada”… "El mal estado de salud del general era ya amenazante de su conservación”… "Encontré en Mendoza al general San Martín tan agravado de sus dolencias, que desesperé de su conservación y juzgué necesaria su inmediata traslación a Chile. El general me presentó una nota oficial que por mi ausencia había llegado a sus manos, en que se le comunicaba la revolución practicada en Tucumán y encabezada por don Bernabé Aráoz en 1819. Más me fortifiqué en mi idea de alejar al general a un punto seguro como Chile, y llamé al sargento mayor de artillería y comandante del parque para encargarle la construcción de una camilla tan cómoda como fuera posible, previniéndole el secreto, que él si duda adivinó, por la prontitud con que ejecutó mi encargo. Preparado todo, incluso 70 hombres que debían cargar en sus hombros la camilla, invité al coronel Necochea a que me acompañara para persuadir al general, que se hallaba en San Vicente -una legua distante de Mendoza- aceptar el obsequio que le llevaba para salvar su interesante vida y los respetos que le eran debidos, próximamente amenazados por una revolución general en la República. "…La marcha a Chile se hizo inmediatamente del modo preparado”…"Veinte días no habían transcurrido desde la marcha del general San Martín cuando el 10 de enero de 1820 se sublevó en San Juan el Batallón de Cazadores”.
Por cierto no fue el político y abogado chileno Benjamín Vicuña Mackenna el primero en difundir la enfermedad de San Martín, ya que los testimonios que documentan la afección respiratoria del Libertador están contenidos en los escritos de la época del Gran Capitán.
El sacrificio que hace el Libertador de cruzar los Andes con tamaña enfermedad no hace más que enaltecerlo.
