”Pues vimos una estrella en el oriente y hemos venido a adorarle”. La frase cruza por el Evangelio y recuerda la lejana hora en que los Reyes Magos llegaron a Belén para adorar al hijo de Dios. El motivo del viaje estaba vinculado con la aparición de esa estrella cuyo resplandor se repite simbólicamente a través de las que presiden pesebres y árboles de Navidad. Pero la estrella misma, el número de Reyes Magos, la ruta seguida por ellos, y el vocablo ”mago”, dieron pie a diversas deducciones. Obviamente esto no enfría el milagro, sino que proporciona una explicación actual sobre el episodio.

¿Qué estrella vieron los Reyes Magos? No cabe duda que la vinculación de ésta con el nacimiento de Cristo obedece a las profecías que en esos días adjudicaban el paso de una estrella con la venida al mundo de un Rey Divino. La palabra ”mago” no tenía el sentido que tiene hoy, significaba gente docta versada en astrología o astronomía. En cambio quizá puede servir para especulaciones contradictorias la denominación de reyes, ya que su realeza no fue establecida por San Mateo. Que el tiempo haya vuelto costumbre la denominación, se explica por transmisión oral del suceso, porque se les atribuyó a los adoradores de Cristo una dignidad cercana a la del propio Rey de los Judíos y como un homenaje. En realidad la estrella nunca fue vista antes, era la luminosa señal que guiaría sus pasos hacia Belén, ya que todo hace pensar que el astro iluminó la llamada ”ruta del incienso” a quienes transitaban con valiosas cargas y hermosos presentes para celebrar el advenimiento del Hijo de Dios.

Pero, ¿qué astro fue ese, puesto en el camino de los Reyes Magos para anunciarles que la profecía de Balaam (”Nacerá una estrella de Jacob”) se había cumplido y a ellos correspondía seguirla? Al respecto hay tres versiones: la primera se trataría de algún cometa o planeta, o incluso de alguna estrella fija. La segunda, afirmada por el astrólogo Lépler insiste en la conjunción de dos planetas agregando la presencia de Saturno, por su luz intensa; y la tercera se basa en la probable aparición del cometa Halley ya que el ciclo de sus apariciones permite creer que coincide con el nacimiento del Mesías. Pero de lo que no cabe duda es que esa fulgente luz que asomó al cielo y recordó a los Reyes Magos una profecía entonces en boga entre los judíos era una señal. Y no fue casualidad que esa señal coincidiera con la presencia del Niño en Belén. Dios había transmitido un mensaje luminoso para señalar que el Mesías había llegado a la tierra. Tanto es así que el brillo de esa estrella no ha declinado con los siglos y se mantiene viva en el corazón de la humanidad, nos invita a compartir el milagro y nos promete también a nosotros, como si fuéramos aquellos Reyes Magos, una luz para orientarnos y llegar a Cristo.

(*) Escritor.