Lejos de buscar una salida consensuada para contener al estado de violencia que envuelve a Venezuela, el presidente Nicolás Maduro arengó a la militancia del chavismo a defender la revolución bolivariana en forma directa, agregando mayor tensión a una crisis cada vez más difícil de resolver en forma pacífica.
Frente a las últimas protestas estudiantiles, con el asesinato de un chico de 14 años por parte de un policía en San Cristobal, y nuevos heridos en todo el país, el mandatario respondió el miércoles último de manera contundente: "Si funcionarios de la derecha tratan de llegar al poder por la vía de la violencia, le doy la orden al pueblo, junto con las fuerzas armadas, de salir a las calles a defender la revolución”, arengó en un acto sindical.
La teoría de Maduro es que la oposición no sólo está involucrada en promover su destitución sino que la acusa de estar preparando a jóvenes para que generen violencia, "les llenan el alma de odio y de deseos de venganza”, dijo, ya que a su juicio esos chicos son captados por lo que denomina las "sectas de la derecha”. En los supuestos complot conspirativos y acciones desestabilizadoras que denuncia, también asegura que grupos paramilitares de Colombia habrían ingresado en Venezuela para organizar disturbios en los estados de Zulia y Táchira, cuya capital es San Cristóbal, escenario de la muerte del estudiante ajeno a la movilización de la semana pasada.
La narrativa revolucionaria, difundida por todos los canales propagandísticos del Estado, trata de afirmar la amenaza del mandatario de no permitir que la oposición se presenta en las próximas elecciones parlamentarias si está involucrada en hechos de violencia, pero no aporta las pruebas que avalen las últimas detenciones de políticos de la oposición a quienes acusan de golpistas.
En realidad los observadores ven un justificativo de Maduro para mantenerse en el poder en momentos en que todas las encuestas reflejan que el gobierno sufriría una derrota histórica en las trascendentes elecciones para renovar la Asamblea Nacional. El profundo deterioro de la economía y las pérdidas de los derechos básicos de la ciudadanía, arrebatados por el absolutismo chavista, impulsan la radicalización del Gobierno y las excusas para el accionar de una nueva ola represiva en nombre de una revolución fracasada.
