Calle Mendoza, frente al viejo café Do Brasil. Una escalera de mármol antiguo que daba al sótano. Radio Colón. Aquella de los radioteatros y de Lucho Román que recaló en San Juan desde su Chile amado. De los hermanos Cialella y sus "audiciones” donde se forjaron muchos de nuestros más prestigiosos periodistas deportivos. La radio de Alberto Vallejos y su "Pandilla del Tío Melchor”, perla de frescura y magia de las mañanas domingueras. La de Don José L. Rocha brindando talento en su recoleta oficinita donde curiosos aparatos le respondían como con encantamiento.

La radio de Don Ricardo Bergér (tengo grabada en la memoria su figura cordial y su sonrisa a la entrada del edificio). La del "Quito” Bustelo, de Carlitos Trigo, de la consola del chiquito Sarmiento y el Negro Vallejos, donde también puso sus manos firmes nada menos que Oscar Donaire. La radio del "aparcero” Bence doblegando apuestas en su obstinado amor por nuestro folklore cuyano. La de los escenarios imaginarios de tantas radionovelas en las cuales veíamos detrás de la perillita que se movía con un hilo las figuras misteriosas de Fachenso el Maldito y El León de Francia, presentados por la voz señera de Andrés Emilio Romero. Aquel ámbito que fue cuna de los queridos Rony Vargas y Mario Pereira, que tanto amor por San Juan derraman para el mundo desde su Cadena 3 de Córdoba.

Fue y es la radio de aquellos chiquillos que con mi hermano forjamos para cantarle a Cuyo, junto a aquella Radio Los Andes,hoy radio Sarmiento, emisoras que nos dieran el empujón artístico más grande, por el cual, meses después estábamos en los candeleros de la televisión de Buenos Aires y dos de los mayores sellos grabadores del mundo. Por todo eso y mucho más, nuestro humilde homenaje y agradecimiento.

Allí, un día, Lucho Román anunciaba nuestro primer club de admiradoras, esas cosas del afecto popular que a dos chicos adolescentes los haría llorar.

Querida radio del viejo sótano de la calle Mendoza. Hace unos días, silencioso, casi furtivo, con la nostalgia de mochila, vestido del perfume de aquellos días de la adolescencia (cuando todo lo que veíamos nos parecía inaugural y bueno), bajé despacioso los escalones amados de ese edificio que se salvó del terremoto del 44; uno a uno fui descendiendo las estaciones de un pasado fragante; la radio no está más allí, pero me parece que vi las sombras luminosas de mi padre al frente y de mi hermano al costado, un costado herido y frágil de recuerdos, un costado que a veces palpita vacío en los escenarios, pero satisfecho de vida en mis nostalgias.

(*) Abogado, escritor, compositor, intérprete.