El camino hacia las paritarias se pone candente y según parece, el Gobierno nacional intenta persuadir para que la suba de salarios se inscriba en un marco razonable de moderación. En la línea de largada aparecen los ministros de Planificación, Julio De Vido, y de Trabajo, Carlos Tomada, de reconocida cercanía a la señora Presidente, como interlocutores válidos ante los gremios. El objetivo político del Gobierno es que los resultados de las paritarias no acusen un impacto en el alza de la economía, teniendo en cuenta los factores exógenos de la crisis global que irremediablemente tiene su influencia en el país. También está la pretensión oficial de que el tratamiento que dirime y fija la planta salarial argentina, en los ámbitos público y privado, no perturbe el eje político estratégico donde confluyen las partes a convenir una resolución fundamental para el país laboral.

En ese espacio de la vida nacional, se observa que el titular de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano, sigue atrincherado sin mostrarse demasiado en zona de debate ya que sus expresiones son vertidas con cierta cautela sin asomarse demasiado, aunque insinúa una aparente rispidez hacia la puja. En una zona definida a medias, algunos analistas le ven a Moyano y entorno, no a los gremios, distanciado definitivamente de Cristina y por ende, luego lo será con la estructura partidaria en toda su dimensión. Otros, en cambio, creen posible una recomposición de las relaciones.

Por la otra senda, los empresarios, menos estruendosos pero con certeros comunicados públicos definen claramente su posición aspirando a sostenerse en la situación reinante pero definen claramente sus pretensiones y fijan topes, justificando los motivos críticos de esa resolución, pero apoyando el diálogo con muestras positivas para llegar a un buen entendimiento entre las partes. Las primeras pujas hacen notar el picoteo previo, pero el comienzo estará dado por las respuestas de los ministros encomendados por la Presidente, que aspira a que el camino se allane previamente sin graves sobresaltos.

Como ocurre en San Juan, los primeros pasos estarán dados por los docentes que fijan, de alguna manera, los índices del salario de la administración estatal, con el margen de influencia que sirve al ámbito privado en sus respectivas plantas. Queda claro que una palabra estará puesta como bandera al inicio de las conversaciones. Esa palabra se llama "moderación". Al menos es un anhelo que con un ojo visor observa expectante cómo acusará recibo el sector gremial.