Un distribuidor de Miami me enseñó la nueva tecnología -en realidad, fue inventada hace casi tres décadas, pero recién se ha popularizado- y me explicó cómo funciona. La máquina no era más grande que una computadora de escritorio, y parecía una cruza entre máquina de coser hogareña y el torno de dentista. No puedo decir que me dejó boquiabierto, pero sentí que estaba viendo una versión rudimentaria y en cámara lenta de una máquina que pronto será tan esencial como las computadoras o los teléfonos inteligentes.
Se estima que las impresoras 3D producirán una nueva revolución industrial, y cambiarán la economía del mundo. La nueva máquina puede producir casi cualquier objeto, de manera semejante a la que las actuales impresoras 2D imprimen un texto en papel. Uno pone el diseño de un producto en la pantalla de su computadora, tipea las medidas y colores que desea, oprime "’enter” y ¡listo!, la impresora empieza a fabricar ese producto. La aguja móvil empieza a inyectar plástico, o cualquier otro material, en una pequeña superficie, e inicia la construcción del producto por capas.
Abraham Reichental, el presidente de 3D Systems, una de las empresas más grandes del mundo de impresoras 3D, me dijo que esas máquinas ya se usan extensivamente en la industria aero-espacial para hacer partes de aviones, y también las usan los médicos para hacer implantes de rodilla o de cadera personalizados, o dispositivos auditivos a medida para sus pacientes. Las impresoras 3D ya hacen zapatos, accesorios de moda, juguetes y otros artículos de consumo, es sólo el principio”, aclaró. Pronto las veremos produciendo toda clase de alimentos con valores nutritivos a medida. Y cuando se abaraten y se haga más fácil bajar diseños complejos, veremos máquinas y componentes más sofisticados impresos. "’La misma tecnología que hoy es solamente accesible para las grandes empresas llegará a todo el mundo en el futuro.
La democratización de la producción permitirá la re-localización industrial, que es lo contrario de fabricar las cosas en países remotos” dijo Reichental. En otras palabras, consumidores de todo el mundo podrán usar las impresoras 3D para producir artículos en su casa, o cerca de su hogar, y habrá menos necesidad de importar productos. Ninguna economía sufrirá un golpe devastador porque los cambios no serán súbitos, ni absolutos, pero habrá países ganadores y países perdedores.
Vivek Wadhwa, profesor universitario y gurú de la innovación, dice que el cambio global hacia una producción más individualizada y doméstica con las 3D perjudicará a China. En Latinoamérica este pasaje beneficiará a países importadores y perjudicará a los exportadores.
Los países con buenas universidades, y con escuelas que les enseñan a los niños a ser emprendedores, podrán exportar sus diseños innovadores a través de Internet, y cobrar sus regalías. Y los países con malos sistemas educativos tendrán que piratear esos diseños -corriendo el riesgo de convertirse en estados parias- o pagar grandes regalías por importar propiedad intelectual. La educación de calidad será, como ya lo es, la palanca para la prosperidad.
