La seguridad alimentaria de la humanidad en las próximas décadas plantea un desafío colosal a la producción, frente al crecimiento demográfico, la escasez de agua y zonas aptas para cultivos, más las condiciones adversas del cambio climático, que se irán agravando.

En este contexto, se deberá afrontar el reto con soluciones sustentables, llevando los recursos disponibles a una optimización productiva basada en nuevas tecnologías, de manera que para 2050 la brecha entre oferta alimenticia y demanda poblacional mantenga parámetros equilibrados. Hasta esa meta, la necesidad de productos agrícolas crecerá 1,6% por año, en tanto la producción lo hará 1,2% anual, quedando una brecha de 0,4% entre demanda y oferta, según estimó recientemente en México un foro internacional de compañías líderes de agroquímicos y semillas, junto a una red de 22 asociaciones, entre ellas la Cámara Argentina de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes.

Allí se recordó que en 1970 las reservas mundiales de producción alcanzaban para 11 meses y 21 días, pero ya en 2009 ese cálculo cayó a un mes y diez días al aumentar en 40 años un 133% la demanda, principalmente de alimentos para humanos, animales y biocombustibles. Ahora se espera que hasta 2050 la población crezca un 35%, llevando la demanda global a un 85 por ciento.

La única alternativa actual es producir más con menos, o sea aumentar la producción mediante la optimización de tierras y productividad. En esta coyuntura aparece el papel de Latinoamérica con el 33% de tierras disponibles del planeta, sólo superada por África con el 40% pero con serios problemas sociales, políticos y de infraestructura difíciles de resolver en un futuro cercano. Ya el 52% de la soja y el 44% de la carne, entre otros productos de consumo mundial, se producen en América latina y se prevé que la región abastecerá el 50% del crecimiento de la demanda global.

Pero todo depende del desarrollo científico. Los tratamientos fitosanitarios deberán ser 100% ecológicos; el déficit del agua será del 50% de la población en 2050, y los eventos climáticos extremos, que en el siglo pasado ocurrían en más de un quinquenio, ahora ocurren casi anualmente y con mayor violencia. Todos estos desafíos deberán tener respuesta de la evolución de la humanidad para una subsistencia mejor.