En el mes de julio pasado, en la Legislatura porteña, representantes de los partidos políticos y de las alianzas se comprometieron a realizar una campaña electoral limpia, de respeto por el medio ambiente y los espacios públicos. Ello implicó que deberían abstenerse de hacer pintadas o pegatinas en tales espacios y orientar la campaña al uso de otros especialmente destinados para tal fin.
En relación con ella, rescato lo expresado por el actor y exdiputado Luis Brandoni en una entrevista en televisión en la que dijo que el espacio público no es el "espacio de nadie” sino que es el "espacio de todos”, contrariamente a los que muchos creen. Adhiero a este concepto, por lo cual critico que lo que es de todos sea usado por unos pocos en su propio beneficio.

Los nombres de los candidatos han proliferado en la mayoría de los puentes sobre la Avenida de Circunvalación y sobre las paredes de numerosos baldíos, no sólo de Capital sino de otros departamentos. Esta práctica no es nueva; ha sido puesta en práctica por lo menos en los últimos diez o quince años. Expresé, en ese entonces, una opinión parecida a la de hoy en dos notas publicadas por este diario. Después de ellas, primero se cubrieron las leyendas en las paredes de los baldíos y luego las del puente de la Avenida de Circunvalación sobre la calle Nuche. Fueron cubiertas con pintura blanca; el resultado fue un mamarracho por el contraste con el color grisáceo del puente. En este sentido ya no hay vuelta atrás, a menos que se pinten todos los puentes afectados en su totalidad de un color parecido al del cemento, lo cual resultaría bastante caro.
Ahora, nobleza obliga, debo agregar que desde ese mismo año aún resisten las inscripciones del candidato de otro partido que también usó los puentes como sostén de su campaña, aunque más tímidamente: "Nuevos aires en Capital – Nasser Uzair – 2015”.
Además, en esta práctica, de la que tengo entendido es una contravención (y alguien está mirando hacia otro lado), está el hecho de que se han utilizado muchos litros de pintura que podrían haber tenido un destino mejor, por ejemplo las paredes de alguna escuela que no puede afrontar el gasto de renovarla por falta de presupuesto.
Una de las moralejas a extraer de estos hechos es que para no tener que limpiar y gastar dinero en el proceso no hay que ensuciar, lo que me trae a la mente un lema muy conocido en la ciudad de San Juan: "La ciudad más limpia no es la que más se limpia sino la que menos se ensucia”. Las otras moralejas, piénselas cada uno.
Otra metodología usada en esta campaña es la de Cambiemos, que consiste en el uso de altoparlantes en las calles de la ciudad de San Juan para publicitar sus candidatos. Este práctica, anacrónica por cierto, en una época en la que la contaminación sonora es realmente seria, constituye una falta de conocimiento de las políticas de cuidado del medioambiente y una falta de respeto al bienestar de los ciudadanos.
Cabe preguntarse: ¿hasta qué punto uno puede confiar en que los candidatos cumplirán con su delicada función de discutir, analizar y votar leyes que incidirán directamente en la vida de los ciudadanos de este país, leyes que tendrán que ver con su jubilación, su salud y su educación;con el fomento de creación de puestos de trabajo, con la disminución de la pobreza, la corrupción imperante,los índices de criminalidad, etc.? Me lo pregunto porque lo mostrado hasta ahora son la falta de criterio, el desconocimiento de las normas o la falta de respeto hacia ellas.
Prof. María Cristina Carrillo, Magíster en Lingüística Aplicada. Docente de la UNSJ.
