El protagonismo que tendrá el campo argentino en el liderazgo de la producción de alimentos para un mundo altamente demandante, en las próximas décadas, necesita políticas de estímulo para afianzar la inversión privada. La coyuntura del comercio con Brasil, proveedor de equipamiento para el sector y la caída del financiamiento para adquirir esas maquinarias que había prometido el banco de desarrollo brasileño, obligan a replantear la situación del sector.
Por ello resulta oportuno el plan del Ministerio de Industria de la Nación, presentado el martes último, con medidas de mediano y largo plazo para industrializar el campo con maquinaria agrícola y revertir el considerable déficit actual en la importación de equipos autopropulsados, como cosechadoras y tractores. A su vez, el sector agroindustrial ha planteado la necesidad de contar con mecanismos de financiamiento específico de largo plazo para cubrir esa demanda de equipamiento, por lo que el citado ministerio articulará nuevas líneas de crédito con el Banco de la Nación.
Para impulsar la producción será fundamental dar un trato preferencial en materia fiscal, una cuestión planteada en el proyecto de Ley de Promoción de Inversiones que el Poder Ejecutivo enviará al Congreso Nacional de manera de crear un conjunto de beneficios que potencien la producción primaria y los procesos industriales derivados.
La respuesta de la producción nacional de maquinaria agrícola proyecta también, para 10 años, fabricar 10.000 sembradoras, 4000 cosechadoras y 11000 tractores, lo que implicará un superávit de 455 millones de dólares para el sector frente a la producción de 2010, llegando a una ocupación de 20.000 trabajadores.
