San Juan, a través del tiempo, ha tenido una historia accidentada a causa de terremotos, avenidas de agua, vientos Zonda y hasta por la mano del hombre, por eso a veces no hemos conservado los testimonios del ayer, lo cual hace que tengamos cortes históricos que van en contra de nuestra identidad cultural, tan necesaria para la vida y desarrollo armónico de los pueblos.
Tal la presencia y la contribución que hicieron en todos los órdenes de la vida social la Orden Jesuita en San Juan, hasta que llegó el llamado "’Extrañamiento de los Jesuitas” de todos los dominios españoles, en que se trató de borrar toda huella y San Juan no estuvo exento de ello.
Por eso desde hace décadas y teniendo a la vista documentación original e inédita que habla de ellos, hemos tratado por todos los medios el reconocimiento de la Orden. No ha sido posible y parece que en San Juan hay lugares que surgieron de la nada, olvidando quienes fueron los pioneros en lo que caracteriza a la provincia.
En esa tarea de dar a conocer esa parte olvidada de la historia de San Juan, consideramos que es necesaria una justicia reparadora y dar un paso adelante para recuperar la identidad cultural, no como se nos ocurre o para sacar réditos políticos, sino basados en fuentes historiográficas de valor indudable. Jamás se podrá hacer una historia completa y veraz sin considerar la obra realizada por los jesuitas en San Juan.
Debemos recuperar nombres y hechos que trascienden en la historia que debe ser continuidad y solidaridad. Este fue desde hace décadas nuestro pensamiento y accionar, lo demuestra el Suplemento "’Universidad”, de la Universidad Nacional de San Juan publicado en el Nuevo Diario el 3 de septiembre de 1993, Secretaria de Extensión Universitaria Creacom, en el que dimos a conocer de manera muy sucinta: "’Los Jesuitas en San Juan.”
Se lo enviamos al entonces monseñor Jorge Bergoglio a quien conocimos (ver facsímil) y tratamos en la Universidad del Salvador de la Capital Federal, donde asistíamos periódicamente por razones laborales, la respuesta no se hizo esperar. En todos los trabajos que fuimos realizando en base a documentación inédita hasta entonces, muestra a los jesuitas como dice C. Lowney, con un liderazgo no fácil de obtener, que fue posible porque antes que nada los jesuitas tenían una clara conciencia de la importancia del "’Conócete a ti mismo”.
Comprendieron como nadie que ese ir hacia adentro da y ayuda a adaptarse a las circunstancias particulares de los lugares donde se está inmerso siempre con visión de futuro, lo cual los ayudó a trazar estrategias convenientes. Ese conócete a ti mismo determina cómo se hacen las cosas y porque se hacen, Así en cada lugar donde estuvieron fijaron los objetivos y metas a largo plazo, para ello en cada lugar se adaptaron al medio, a pesar de las dificultades, calumnias y ataques despiadados que sufrieron, basta leer las fuentes documentales de la época.
La llegada y establecimiento de la Orden a San Juan, estuvo precedida por los viajes pastorales que realizaban desde Mendoza, establecidos acá no subsistieron por mucho tiempo y se marcharon nuevamente. No olvidaron esta tierra porque cada tanto venían de a dos a misionar hasta que se establecieron nuevamente ayudados por donaciones que los hicieron poseedores de toda la manzana donde hoy está la Catedral de San Juan.
Al cabo de un tiempo por donaciones, testamentos, compras o capellanías obtuvieron tierras de labranzas, construyeron el templo que luego sería declarado Catedral, la iglesia de Nuestra Señora de los Desamparados (donde ni siquiera se los nombra) bodegas, molinos, casa de ejercicios, estancias como Las Tumanas, la de Guanacache y la más importante unidad económica, la hacienda de Puyuta, dividida en dos suertes La Bebida y Puyuta, donde no sólo enseñaron el laboreo de la tierra, el encauce del agua, la plantación de vides, el cultivo de diferentes plantas, sino la crianza de ganado.
Excelentes observadores comprendieron como pocos las bondades de la naturaleza, las características del clima y del medio que los rodeaba, se lanzaron a una tarea ímproba donde todo estaba por hacerse, para ello era necesario emplear la inteligencia y tener el bien común presente donde el prójimo y hermano es el otro, como lo predica el Papa jesuita con que nos ha bendecido Dios: Jorge Bergoglio.
(*) Miembro de Número de Historia Eclesiástica.
