
En medio de la precariedad de ideas en que hoy se debaten los políticos en general, más acicateado su interés por las próximas elecciones que por sus funciones, surgen de manera inesperada iniciativas, aisladas eso sí, pero que integradas a un plan acabado y complejo pueden dar resultados.
Le escuché decir a Martín Tetaz, economista y diputado por la oposición, que en tiempos de Raúl Alfonsín, estuvo muy cerca de acordar con José Sarney, por entonces presidente de Brasil, el establecimiento de una moneda común entre ambos países. El experimento no se llevó a cabo finalmente y se perdió entonces una gran oportunidad.
El tema habría sido retomado en 2019 entre Mauricio Macri y Jair Bolsonaro, pero la resistencia del presidente del Banco Central brasileño pudo más. Seguramente las oscilaciones de la economía argentina, su moneda de alta inestabilidad, habrán influido en el pensamiento de ese funcionario y se dio marcha atrás con el proyecto.
EFECTO LULA
Pero la irrupción en el escenario del futuro presidente del país vecino, Ignacio Lula da Silva, vuelve a dinamizar esa iniciativa. Porque de Lula se dirá que es un hombre de izquierda, socialista, o lo que fuere, pero nadie podrá negar que es pragmático, y que para la política económica exterior de Brasil, no le teme a la apertura y a asociaciones estratégicas con otros países. En su momento expresó ideas de unión de las economías latinoamericanas, a través de los mecanismos del Mercosur, y proyectándose luego hacia el Mercado Común Europeo.
Para ello, primero deberíamos revisar el lineamiento de nuestra dirigencia, cuya política exterior por estos años, ha sido cerrarnos al comercio internacional. Con el pretexto de proteger lo "nacional", la industria y su capacidad de absorción de mano de obra local, derivó en ese ensimismamiento comercial, con su consiguiente pérdida de competitividad en el espacio externo. Por lo tanto, se hizo inevitable el incremento de los precios internos, la baja calidad de productos al no existir la competencia de afuera, y por ende la falta de incentivos para invertir en el desarrollo de nuevas tecnologías. Entre otros aspectos y que inciden directamente en el proceso inflacionario, la desocupación y creciente niveles de pobreza.
DESVALORIZACIÓN MONETARIA
Lo cierto es que el fenómeno de la desvalorización monetaria en nuestro país ha sido un problema al que no se le encuentra solución. Con una inflación del orden del 100%. El intento más reciente que se recuerde de estabilización fue la experiencia de la convertibilidad de Menem-Cavallo, que desplomó la inflación galopante del último año de la presidencia de Raúl Alfonsín. Durante un periodo aproximado de diez años, los precios se mantuvieron estables, no sin costos para algunas industrias que perdieron frente a productos importados. Ese mecanismo, la recesión que comenzó en 1999, más otros de orden político que empujaron para desestabilizar, fue quizás lo que hizo eclosionar la convertibilidad en el 2001, dando comienzo a un periodo de desequilibrios. El duro plan de estabilización de Jorge Remes Lenicov, que actuó en todos los campos de la macroeconomía, con la devaluación, la pesificación asimétrica, el equilibrio fiscal, la restricción monetaria, la política de ingresos, y otros, hizo el trabajo sucio que allanó el camino para que Néstor Kirchner comenzara con una economía estabilizada.
Pero la creencia hoy vigente, sin ningún fundamento técnico, que la emisión monetaria no es causa de inflación, hizo que en aras del populismo, festival de planes, subsidios, etc., la moneda se depreciara. Con aquel antecedente de un peso-un dólar, el anclaje de nuestra moneda a una externa, como puede ser ahora el real brasileño, puede dar origen a una mayor cordura en el manejo de la cantidad de moneda circulante.
Al menos, el Banco Central dejaría de emitir y eso ya de por sí ocasiona que deban ajustarse virtuosamente otras variables de la economía. Esta deberá encontrar en políticas destinadas a una mayor productividad y orden fiscal, el cauce por donde encaminarse.
UNIFICACIÓN DE MONEDAS
Con relación a la unificación de monedas con otros países, tomemos el ejemplo de lo que significó la creación del euro. Su entrada en vigor a partir del 1 de enero de 1999 constituyó uno de los mayores acontecimientos del siglo XX. En este sentido, una moneda común con el real brasileño, desempeñaría un rol similar al del marco alemán en Europa, generando el euro que acabó con la inflación y las devaluaciones sistemáticas en países como Italia y España.
En resumen, que el valor de la moneda argentina esté referido a un banco supranacional, responsable de controlar la emisión, similar al Banco Central Europeo, y no simplemente a una ley, le daría a la estabilidad monetaria una perspectiva de largo plazo. Garantía que no dan los cuatro años de gestión por parte de un mismo gobierno, que en cualquier momento puede reformar la carta orgánica del BCRA, a través de las mayorías parlamentarias y una ley que lo modifique.
Trabajo sucio
El duro plan de estabilización de Jorge Remes Lenicov, que actuó en todos los campos de la macroeconomía, con la devaluación, la pesificación asimétrica, el equilibrio fiscal, la restricción monetaria, la política de ingresos, y otros, hizo el trabajo sucio que allanó el camino para que Néstor Kirchner comenzara con una economía estabilizada.
Por Orlando Navarro
Periodista
