La piratería que azota el golfo de Adén, recrudece a medida que los insurgentes se pertrechan con embarcaciones y equipamiento moderno, gracias a los millonarios botines obtenidos, al amparo de la anarquía que sufre Somalia, desde hace décadas.

El caos político y la hambruna en la nación africana promueven el fácil negocio de secuestrar navíos civiles para luego pedir rescates millonarios a cambio de devolver las tripulaciones y los cargamentos retenidos. Esta situación se agravó ahora debido a las bajas sufridas por los asaltantes, por la presencia de naves de guerra, que dieron muerte y apresaron a varios irregulares. Una de las respuestas más duras fue de Estados Unidos, durante el rescate del capitán del carguero "Maersk Alabama", Richard Phillips, en tanto la Unión Europea mantiene otra fuerza naval. Pero difícilmente podrán terminar con la piratería porque la realidad es otra.

El enorme espacio del mar Indico, frente a 3000 kilómetros de costas, desde el golfo de Adén a las islas Seychelles, facilitan los abordajes. Unos 170 barcos navegan en forma permanente y los hace fácil presa al estar expuestos como blancos que se ubican con posicionamiento satelital (GPS). Los delincuentes poseen lanchas rápidas y cohetería y esta gran movilidad y alto poder de fuego, les facilita la fuga, si son descubiertos, arrojando al mar armas y demás evidencias por si son detenidos. Los somalíes manejan fortunas, producto del chantaje y siguen negociando por más de 20 barcos secuestrados, con unos 350 tripulantes, cifras históricas en piratería.

Por eso la respuesta de la comunidad internacional debe ser política y económica. El presidente de Somalia, Sharif Sheij Ahmed, ha pedido ayuda para reforzar el papel de su Ejército para acabar con la piratería. El jeque Ahmed, líder de la oposición moderada Alianza para la Nueva Liberación de Somalia (ARS), fue elegido el pasado 31 de enero, pero el país carece de un Gobierno central efectivo desde que el antiguo dictador Siad Barre fue depuesto en 1991 por los jefes de clanes tribales, conocidos como "señores de la guerra", que dominan desde entonces el país junto a milicias islámicas fuertemente armadas. Pero hay una hambruna crónica para la cual la piratería es un paliativo.

Hoy, en Bruselas, se abre una esperanza con la reunión para la reconstrucción somalí. Comenzará con 60 millones de euros de la CE y seguirán otros importantes aportes mundiales, para sostener al primer gobierno somalí creíble en casi 20 años. Somalia no tuvo un Estado de derecho, sino la ley de la selva.