Se abrazaron. Emocionado como estaba por el encuentro, Antonino D"Amico le pidió a Marcelo Lima estrecharse en un apretón, justo a la salida de la reunión que no fue sólo entre ellos dos sino que tuvo un protagonista especial: nada menos que el gobernador Gioja. Fue a media mañana del último día del año pasado. Y menos de un mes después, los dos quedaron a ambas puntas de una pulseada de dimensiones.
D"Amico es el ideólogo del gremio municipal SUOEM y se había sentado apenas unos días antes en la mesa de reuniones que tiene el intendente capitalino. Buscaba lo de siempre: que el municipio aplicara el convenio colectivo de trabajo acuñado por Javier Caselles y que ninguno de sus sucesores como jefe comunal pudo cumplir alguna vez. Especialmente, el artículo 26, que fija las condiciones para que un jefe de área gane más que el propio intendente.
Aquella vez, D\’Amico jugó sus cartas a cara lavada, y eso con las horas sería el más claro testimonio del origen sorpresivo de la controversia. Le dijo a Lima que él podría ser un intendente que haga historia y podría contar con el apoyo del gremio si aplicaba la escala salarial que corresponde por ley, y hasta estaban dispuestos a respaldar su reelección como intendente si es que -como estiman- será César Gioja quien suceda a su hermano.
No es algo que intenten siquiera encubrir en el gremio que congrega a la mayor cantidad de empleados municipales de Capital el apoyo a la candidatura del hermano del gobernador. En diciembre, César fue presentado en la cena de fin de año del gremio como el futuro gobernador cuando entre los comensales estaba Sergio Uñac, otro de los que sienten aspiraciones legítimas y mantiene buen diálogo con los líderes sindicales.
No escapa entonces el estallido veraniego del conflicto entre el SUOEM de Manchineles y D"Amico y la Capital de Marcelo Lima a una clara lectura sobre sus motivaciones: se trata del primer incidente en la gestión (en este caso, la municipal) traccionado por la sucesión a la gobernación. Probablemente no sea el último y haya que acostumbrarse a encontrarlo como parte del paisaje.
Aquel día de diciembre que D"Amico blanqueó lo que ya se conocía fue que Lima le recitó el mismo libreto que le repitieron todos los intendentes: no hay recursos para un aumento como establece el convenio. La idea del gremialista, entonces, fue pedirle los recursos a Gioja y así fue como se concretó el encuentro del 31 de diciembre en Casa de Gobierno. Gioja hizo una finta y pronunció que "ni". D"Amico lo interpretó como una puerta entreabierta, de allí su euforia que le dejó el impulso de abrazar al intendente y hasta a contar en asamblea pocos días después que estaba todo encaminado.
¿Qué pasó en esos pocos días, entre la euforia y la ruptura? Lima se fue al cruce de la cordillera, como todos los años a esta altura, con la sensación de que estaba todo bien. D"Amico se tomó un vuelo de Lan a Europa el 22 de enero y volvió por la misma vía el 8 de este mes, pese a haber asegurado a su regreso que sólo estuvo en Mendoza por un problema familiar. Incluso, debió recibir un permiso para salir del país, concedido por el tribunal oral federal desde el 1 de enero al 31 de mayo, porque está procesado en una causa muy parecida a lo que hoy se le denuncia a Manchineles: estar jubilado -D"Amico por incapacidad- y contratado para trabajar en el gremio. Hay quienes explican que ese estado judicial es la razón que alimenta las buenas relaciones con César Gioja.
En esos días se intercambiaron gremio y municipio los papeles sobre el lugar de dónde sacar la plata para el aumento, y se declaró la guerra abierta: el gremio declarando un paro y el municipio denunciando a Manchineles por estar jubilado y seguir cobrando sueldo como empleado activo (¿Lo habría hecho si no estallaba el conflicto?).
Se quebraba así un largo período de relaciones de un pacifismo inestable y atado con alambre. Porque la actual gestión municipal había llegado haciéndose la distraída mientras otro gremio estatal, UPCN, recolectaba afiliados de SUOEM -hoy suma más de 400 y hasta consiguió una silla en la paritaria, si alguna vez la convocan- y el gremio llegaba desde un franco apoyo al rival de Lima al municipio: participó del cierre de campaña de Colombo.
Pero en los más de dos años que convivieron, siempre priorizaron el arreglo. Con una prenda de negociación: el secretario de Servicios municipal, Juan Pablo Quattropani, de buena llegada al gremio. Hoy, con el quiebre de relaciones consolidado, nadie asegura que pueda seguir en ese cargo.
Cada día que pasó fue peor. Por los mismos canales políticos de la interna oficial, el gremio consiguió el ingreso al conflicto de la CGT, con una expresión ambigua pero evidente. El camionero Castro -pese a asegurarle a Gioja lo contrario- salió a apoyar el reclamo municipal, pero no la situación de Manchineles. Mientras el líder cegetista local Cabello prefirió un silencio curioso.
Y el municipio atacó la línea de flotación del poder gremial. Sabe que el éxito o el fracaso de este objetivo estará en poder aislarlo de algún impacto sobre el ciudadano común, a quien no le importa si tal o cual, sino que le levanten la basura. Por lo tanto, hoy debe recolectarla dos veces: una por el recorrido normal de los empleados que se olvidan alguna bolsita incómoda, y luego con otra movilidad llevándose lo que dejaron.
Por eso le quitaron a los capataces -que son el punto fuerte del control gremial- la planilla de asistencia del personal. No son más los que deciden qué pasantes salen a la recolección, gente que percibe un ingreso bien estrecho pero que se hace la diaria en el cirujeo y si no sale no cobra. También intervinieron la oficina de personal, donde encontraron cajoneados varios legajos de empleados en condiciones de jubilarse. Y entraron a la fuerza al recinto de paritaria, a lo que el gremio respondió por un reingreso también a la fuerza, con denuncia penal del municipio incluida.
Planean en la Capital ir al hueso justamente porque el componente de la trifulca es más partidario que reivindicación salarial. Lo avala la historia: de Caselles para acá, el gremio se llevó a las patadas con todos los intendentes que le siguieron, sacando a relucir cuando hizo falta el incumplido convenio colectivo firmado por el joven bloquista desaparecido.
En los tiempos de Coll, tomaron la explanada con pancartas que castigaban a intendente y concejales. Con Avelín Nolléns empezaron bien -D"Amico proviene del radicalismo, entonces en la Alianza- y hasta consiguieron que el intendente les concediera el cobro de impuestos a cambio de un porcentaje, cosa que terminó en escándalo e incumplimiento de pago. Y cuando no hubo plata, le tiraron la basura en pleno municipio. Y a Conti -que llamaba al convenio "el Corán de Caselles", su amigo por otra parte- le terminaron poniendo un almanaque contando los días que faltaban para que se fuera.
Con esos antecedentes, hace dos años este periodista escribió sobre la futura relación entre el municipio y el gremio, un material al que Pascual Manchineles consideró injurioso porque lo calificó como "pintoresco" por su perfil y que hizo que reclamara -y concretara- su pedido a réplica formulado por carta documento. Aquella nota, casi como una profecía escrita a poco más de un mes de la asunción de Lima, anticipaba un cruce al que sólo había que ponerle día y hora. "Una pulseada que también espera ser librada en la capital sanjuanina (porque la había emprendido Macri en Capital), aunque aún no tiene fecha", decía en el primer párrafo. Y remata: Decidirá Lima si prefiere una maniobra brusca a lo Macri o espera verle la pinta a la baraja". Dos años después, cantó retruco.

