Abordar el fútbol desde el punto de vista disciplinar como ciencia y considerar un seleccionado con futbolistas locales de la mano de una pedagogía implica aportar contenidos teóricos y técnicos a la materia de estudio que enseña y orienta en el aprendizaje del balompié observando no sólo la capacidad del jugador sino además las estrategias que pone en práctica el director especialista para conducir un grupo en el campo de deportes y también fuera de este, en el marco de la integración e inclusión social y cultural con el objetivo de sacar ventaja mediante el triunfo de partidos en los que puede observarse no solo la motivación de sus partícipes sino también la resolución del encuentro. Si bien es cierto que la pedagogía se entiende más propiamente como escolarizada, reducirla a su ámbito sería hacer perder sus objetivos y fin último: el desarrollo de las potencialidades de la persona y su capacidad de socialización. En este ámbito es donde captamos que el entrenador o director técnico no sólo ejerce como docente sino además como experto en relaciones humanas ya que el impacto que recibe la sociedad, de un deporte tan popular que alcanza todas las escalas mundiales, está en función del deporte pero fundamentalmente basado en las reglas del juego y el valor por la diversión como recursos necesarios para la promoción de la persona. Por ello es menester que los directores del fútbol argentino logren una verdadera integración sin camuflaje alguno de jugadores ni deportistas que no ejercen la profesión en el actual fútbol argentino, de manera tal que la participación no se torne excluyente de valores locales con únicamente jugadores ‘estrellas’. Ya había sostenido tales principios en una publicación internacional en el periódico italiano Corriere Della Sera del 22 de junio de 2014, en el que sostuve como considerar la práctica. En ella, la columnista Carola Traverso Saibante expresa: ‘Desde el campo de fútbol a la vida, los valores transmitidos por el deporte’ traducido del italiano: ‘¿Qué valores? La superación, el respeto de los compañeros y adversarios, el respeto de las reglas, el juego limpio, el trabajo en equipo, tolerancia, inclusión. Reforzar la persona que enseña a través de este juego de principios universales que serán transferidos desde el individuo a la comunidad, desde el campo de fútbol a la vida. No solamente el balón, con una pasión que inspira, es un remolque para involucrar a los niños en otras actividades y formaciones. Y en sí misma es una actividad educativa, que pone de relieve el papel de ‘entrenador’ como elemento central de la pedagogía de fútbol, y por tanto, un experto en las relaciones humanas, en las que las fuerzas y habilidades de entrenamiento que ofrecen de forma individual, sino también en la solidaridad del equipo.
En una pedagogía no se reduce a la educación, pero abierto a lo que puede dar servicio a su fin último, a saber, el desarrollo del potencial de una persona y su capacidad para expresarse en un contexto social, es el valor del fútbol y del deporte. Un tiro hacia el cambio social, que también debe empezar por la Asociación de Fútbol Argentina.
De esta manera se verá el fútbol ya no como un fracaso de un seleccionado preferencial por una ‘clase de jugadores’ sino más bien de una verdadera inclusión de estos desde lo regional y propio en función de los méritos al esfuerzo local.
