El déficit de paz mundial no es sólo de ahora, es de ayer, es de siempre. Está causado por una recurrente experiencia negativa extrema que acecha y daña a la humanidad y a la naturaleza, en términos de guerra expuesta o amenaza velada.
Esta actualidad bélica, o sus potenciales estados de guerra, se fenomenalizan en el marco de una organización y constitución del mundo donde actúan en combinación sincrónica regímenes políticos de todos los colores y signos y en distintas escalas en cualquier punto del orbe. Pero cada ondulación periódica de la historia que se tome para analizar tiene sus singularidades ceñidas al entorno específico de cada etapa del tiempo.
"No se puede realmente alcanzar la paz a menos que haya un diálogo convencido de hombres y mujeres que busquen la verdad más allá de las ideologías y de las opiniones diferentes".
Papa Francisco.
Paralogizando con la famosa y acertada frase del "hombre y su circunstancia" podríamos decir, en relación al objetivo de esta opinión, que es inseparable en el transcurrir de la historia humana, "la guerra y sus circunstancias", según el corte de tiempo o relación de causas que se adopten como muestra fáctica del análisis.
Lamentablemente esos entornos y circunstancias de la guerra, objetivamente, han sido funcionales a una plataforma de extracción de materiales de justificación antojadizos y caprichosos para relativizar las responsabilidades de la comunidad de los estados nacionales y de los órganos multilaterales del gobierno mundial. Una muestra de ello es que en vez de ir desterrando las guerras o sus equivalentes, en términos de tensiones no consumadas, y en vez de ir disminuyendo en cantidad, o calidad respecto del poder destructivo, se aprecia que van en aumento.
No hay aprendizaje efectivo, no se evitan las causas y, en su lugar, la carrera armamentista es desoladora en términos de poder potencial de destrucción de la única nave que dispone la humanidad para el desarrollo de la vida, que es el planeta Tierra. A ello se suma la interinfluencia globalizada que hace que ya no se pueda negar con propiedad que alguna región de la tierra está fuera del margen de influencia, si no directa o al menos indirecta, de las consecuencias nefastas de un conflicto que ocurra en otro lugar del globo.
"Para lograr la paz internacional debe crearse una conciencia mundial de que el hombre está sobre los sistemas y las ideologías".
General Juan D. Perón
Las circunstancias singulares que surgen hoy en materia de la guerra, y/o, de los estados bélicos latentes, vienen dados no sólo por lo ya dicho de los niveles altos de apalancamiento de la producción del complejo industrial armamentista que engendra mayores stocks de artefactos de poder letal, sino, que también se suma a ello, la escalada velada y agudizada ínsita en la disputa por la hegemonía en el control de los cada vez menos recursos naturales explotables disponibles para hace funcionar el modo de producción y consumo que existe en este momento.
La esencia de la humanidad como especie es lo racional y de ese parámetro esencial y singular debería derivarse un progreso neto hacia el rumbo de la paz y el bajo riesgo de destrucción, en vez del contrario camino escabroso de lo caracterizado y descripto más arriba. No hay aprendizaje efectivo, sólo hay declamación a titulo de subterfugio. Esta regresión en términos de la paz lo atestigua, por ejemplo, la preocupación del filosofo I. Kant, quien en 1795 escribió un alegato contra la guerra y que, a tantos años de distancia, vemos hoy, que su llamado a la paz perpetua no ha logrado imponerse en el concierto de los estados históricos. Esto decía el maestro Kant en el libro La Paz Perpetua: "No puede haber, por tanto, disputa entre la política, como aplicación de la doctrina del derecho, y la moral, que es la teoría de esa doctrina; no puede haber disputa entre la práctica y la teoría. A no ser que por moral se entienda una doctrina general de la prudencia, es decir, una teoría de las máximas convenientes para discernir los medios más propios de realizar cada cual sus propósitos interesados, y esto equivaldría a negar toda moral".
Por el Dr. Mario Luna y el Prof. Fabián Núñez
Profesionales de Jáchal
