Desde la antigüedad clásica, las bibliotecas eran consideradas un espacio de incalculable valor. Por ello la destrucción de la biblioteca de Alejandría, destruida por los árabes en el siglo VII, es tal vez, una de las mayores catástrofes culturales de la historia que retraso el conocimiento del saber de su tiempo. También fue un espacio de encuentro de grandes filósofos griegos entre los cuales descollaron Aristarco de Samos, Eratóstenes de Cirene, Hiparco, y Claudio Tolomeo, entre otros. La biblioteca era un complemento de la Escuela de Alejandría.

Sarmiento al conocer esta realidad de Alejandría a través de sus lecturas lo llevaría a imaginar e ilusionarse de como materializar esta idea algún día en nuestro país. Esto lo podemos comprobar en uno de su discurso titulado "Lecturas sobre bibliotecas populares” realizado el 20 de julio de 1883. "Una biblioteca nacional, monumental, ¿qué cosa mejor para fomentar el saber? Esta es la tradición desde la de Alejandría; y bien a qué y a quienes sirve una biblioteca? La experiencia de otras naciones ha mostrado su utilidad para eruditos, profesores y fabricantes de nuevos libros. En esta América, en Buenos Aires, sirve de paso a la polilla, y de entretenimiento a estudiantes de la próxima universidad; pero el país entero se queda a obscuras con la ley que da este candil debajo del celemín…habrá de organizar bajo un vasto plan de distribución de los libros que nos vienen de Europa, donde están reunidos los pensadores que formulan ideas, o registran resultados y progresos de la ciencia” (O C -1899 "Lectura sobre bibliotecas populares” Discursos Populares, Tomo XX, 157).

Sarmiento soñaba con una biblioteca monumental en nuestro país similar a la de Alejandría donde también sea un lugar de adquisición de conocimientos, y de encuentro de eruditos donde el avance de la ciencia sea algo continuo y sostenido en el tiempo. Donde no solo las luces de los faros fueran guías sino también el de las bibliotecas.

Sarmiento les llamaba "elementos civilizadores” a las bibliotecas, escuelas, colegios, museos, institutos, teatros y librerías. Todos estos elementos querían que formaran parte de las ciudades para influenciar lo más antes posible en el desarrollo de los pueblos. Por ello ya advertía la importancia de la lectura. "Entre tanto el medio más poderoso para levantar el nivel intelectual de una nación”. Era considerada por él, como un índice, para medir el grado de vulnerabilidad de las personas que habitaban los espacios rurales o urbanos.

La no lectura retardaba el progreso intelectual de nuestros habitantes por ello era importante crear cuanto antes "elementos civilizadores”. Estos espacios de instrucción eran claves para avanzar sobre el desierto físico y sobre el desierto cultural de la época. Una conquista pacífica y cultural. No olvidemos que Sarmiento creía que el medio condicionaba la cultura del hombre si no se instruían las personas, la aridez del desierto terminaría por modelar a las personas a imagen y semejanza. Tanto la lectura como la geografía eran la causante de imprimir las pasiones de los habitantes. Por eso admiró a Benjamin Franklin por ser el propulsor de las bibliotecas en los EEUU y a Laboulaye en Francia. Ambos pioneros de las bibliotecas populares, en sus respectivos países, tendría su reconocimiento por parte de Sarmiento en nuestro país. El primero llevaría el nombre de nuestra gran Biblioteca, ubicada en nuestra ciudad Capital, y el segundo con el nombre a un pueblo de la provincia de Córdoba. Su deseo era recordar al ilustre escritor Eduardo Laboulaye. Su indicación fue solícitamente atendida, y más tarde al trazarse el pueblo, la estación se denominó "Laboulaye” situada en el centro geográfico de la República Argentina.

El 23 de septiembre de 1870 fue sancionada en nuestro país la Ley Nacional 419 de bibliotecas populares, reglamentada el 29 de octubre de 1982. A partir de ese momento este espacio de servicio y de desarrollo de actividades culturales comenzaron a expandirse poco a poco por todo el espacio nacional.

Han pasado 127 años de la desaparición física de Sarmiento y nuevamente vemos que su vigencia se mantiene intacta a lo largo de estos años y en sus obras que día a día recobran más importancia en nuestra sociedad actual.