Con el fin de lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas y además para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de ellas, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió proclamar en 2016 (Resolución A/RES/70/212 ) el 11 de febrero como el "Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia". Creo oportuno aplaudir esta sabia decisión de las Naciones Unidas y justificar por qué este día debe celebrarse con mucho énfasis.
En primer lugar, debemos recordar que históricamente las mujeres siempre encontraron obstáculos para desenvolverse en el campo de la ciencia y ésta es una situación injusta que debe corregirse. Según el historiador Yuval Harari en su libro "De Animales a Dioses”, en todas partes las sociedades se han dividido en hombres y mujeres y en casi todas partes los hombres se han llevado la mejor tajada, al menos desde la revolución agrícola (hace más de 10.000 años). Esta situación que destaca Harari se agudiza cuando enfocamos especialmente el campo científico y vemos que éste, hasta no hace mucho tiempo, estuvo directamente vedado para las mujeres.
Ya hay antecedentes famosos de esta veda. Hipatia de Alejandría, que vivió a finales del Siglo IV y que se destacó en los campos de las matemáticas y la astronomía, fue asesinada por una turba de fanáticos religiosos, luego de someterla a crueles torturas, por el "delito” de investigar, pensar y cuestionar científicamente algunas creencias de la época. Por aquellos tiempos, las mujeres que intentaban hacer lo que hacía Hipatia eran consideradas brujas, por algunos que no eran pocos.
Esta discriminación hacia las mujeres para acceder al campo científico se mantuvo prácticamente en todo el mundo hasta inicios del Siglo XX. En Argentina, por dar un caso, tenemos el ejemplo de Cecilia Grierson, la primera mujer médica que tuvo nuestro país, que recién pudo acceder a estudiar a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Bs As en 1883, luego de vencer innumerables obstáculos que se le ponía para aceptarla como alumna. Se recibió en 1889, pese a sufrir todo tipo de descalificaciones de sus profesores y compañeros de estudio. Apenas se recibió se incorporó al Hospital San Roque donde se dedicó a la ginecología y la obstetricia porque se le negó, por su condición de mujer, la posibilidad de ser cirujana, a pesar de tener título habilitante. Fue una médica tan brillante que llegó a ser Presidenta de la Asociación Médica Argentina en 1907.
Cabe preguntarse ¿Por qué esta veda mundial para el acceso de las mujeres a la ciencia? Arriesgo una respuesta, que no pretende ser la única. La ciencia nos permite adquirir conocimiento y, en el mundo entero, siempre se le dio al conocimiento una importancia especial, al punto que en el Siglo XVI el científico Francis Bacon dijo "El conocimiento es poder”. En un mundo donde históricamente reinó el patriarcado, era evidente que no se le iba a permitir fácilmente a las mujeres acceder al conocimiento, porque de ese modo se les posibilitaba disputar espacios de poder antes reservados solo a los hombres.
Pero, además de dar principio de solución a una injusta discriminación, la participación de las mujeres en la ciencia es una necesidad urgente. Los problemas que afronta el mundo moderno necesitan cada vez de más y mejor actividad científica y, por ello, de más y mejores científicos. En consecuencia, sería un acto de irresponsabilidad limitar el acceso pleno a las mujeres a esta actividad, dado que necesitamos imperiosamente de su aporte de conocimientos.
Afortunadamente las cosas están cambiando, al menos algo. En la actualidad, en Argentina, en nuestro Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet) hay un poco más de mujeres que hombres en la Carrera de Investigador. Sin embargo, en los más de 60 años de vida del Conicet sólo ha habido dos mujeres que llegaron a ocupar su Presidencia. Con esta misma particularidad nos encontramos si observamos al sistema universitario argentino. Sólo como ejemplo, en los casi 50 años de vida de nuestra UNSJ, nunca una mujer fue Rectora. O sea: pareciera que el esquema patriarcal ahora posibilita acceso a las mujeres a la práctica de la investigación, pero le sigue limitando el acceso a los lugares de poder.
Ing. Tulio Abel Del Bono
Secretario de Estado de Ciencia, Tecnología e Innovación de la provincia
