Si el Partido Republicano consigue hoy un triunfo aplastante en las elecciones legislativas, es posible que veamos un Congreso mucho más favorable a leyes contra la inmigración -como la de Arizona-, que según muchos latinos aumentan la discriminación contra todos los inmigrantes. Dicen que las cosas se pondrán feas tanto para los residentes legales como para los ilegales.
Muchos de los candidatos republicanos que se postulan para el Congreso son ultraconservadores que quieren aprobar leyes que exijan a las fuerzas policiales locales detener a sospechosos de estar ilegalmente en el país para pedirles sus documentos inmigratorios, afirman. Sería una licencia para detener a cualquier persona de apariencia hispana, incluso a los ciudadanos.
Casi todas las encuestas indican que el Partido Republicano volverá a controlar la Cámara de Representantes y hasta puede llegar a controlar el Senado. Si los republicanos recuperan la Cámara de Representantes, Lamar Smith (Texas) se convertiría en presidente del Comité de Asuntos Judiciales de la Cámara, que supervisa todos los temas de inmigración. Se trata de un legislador que quiere negar el derecho constitucional de ciudadanía por nacimiento a los hijos de trabajadores indocumentados, aunque eso requiera cambiar la Constitución.
Eso sería un disparate absoluto. A menos que uno esté de acuerdo con hacer redadas para arrestar y deportar a todos los bebés con cara de extranjeros, lo que haríamos sería crear una subclase de millones de jóvenes indocumentados, privados de educación y de servicios de salud. Los carteles del delito organizado estarían encantados: tendrían un ejército de jóvenes marginales, frustrados, a los que podrían reclutar por varias generaciones. "Si los republicanos retoman la Cámara de Representantes y el Senado, tendremos algunas de las leyes antiinmigratorias más duras de la historia de Estados Unidos”, dice Frank Sharry, presidente de America’s Voice, un grupo de Washington que apoya una reforma migratoria integral que incluya la legalización de indocumentados.
Una nueva encuesta realizada por el Pew Hispanic Center revela que un 61% de los hispanos siente que ha aumentado la discriminación, mientras que en 2007 sólo un 54% afirmaba lo mismo. Casi el 80% de los hispanos estadounidenses se oponen a la ley de Arizona. Los republicanos dicen que el Partido Demócrata está tratando de sembrar el miedo entre los hispanos, porque temen que muchos hispanos -que votan masivamente por el Partido Demócrata- no salgan a votar porque están frustrados por la crisis económica y porque Obama no cumplió con su prometida reforma inmigratoria.
Pero si los republicanos ganan ambas Cámaras, podríamos ver una retórica más extrema -y medidas antiinmigratorias aun más severas- saliendo del nuevo Congreso. Los defensores de leyes como la de Arizona tendrían más aliados que nunca en ambas cámaras.
"Según los republicanos, son los propios demócratas los que han sido un obstáculo para arreglar el problema inmigratorio, porque han estado proponiendo proyectos de ley poco realistas.”
