Un trabajo del Consultorio de Adolescencia del Hospital Rawson afirma que los casos de obesidad en chicos de 10 a 19 años generan preocupación, ya que la mayor cantidad de diagnósticos en el último año fue justamente por obesidad. De un total de 100 diagnósticos diferentes correspondientes al Sistema Internacional de Clasificación de Enfermedades, el 15,3% fue por obesidad.
De acuerdo al informe, entre marzo de 2015 y marzo de 2016 detectaron a 106 chicos con esta patología. Hasta hace algunos años, el sobrepeso y la obesidad eran vistos como problemas de los países desarrollados. Sin embargo, en la actualidad, esta epidemia ha crecido a una velocidad alarmante en los países de bajos y medianos ingresos. Hoy existen en el mundo alrededor de 42 millones de niños con sobrepeso, de los cuales más del 80% vive en países en desarrollo.
La Argentina, según la Organización Mundial de la Salud, presenta el porcentaje más grande de obesidad infantil en niños menores de 5 años en América latina con un 7,3% de prevalencia. En las últimas tres décadas, la globalización de los hábitos alimentarios dieron lugar a la explosión de la obesidad y la malnutrición, la mayor epidemia conocida desde los tiempos en que la peste, el cólera, la gripe o el sida diezmaban poblaciones en el mundo. Sólo en los últimos 10 años la obesidad aumentó más del 40 por ciento.
En este escenario, también son cada vez más frecuentes las enfermedades asociadas a la obesidad infantil, como la diabetes tipo II, que antes sólo padecían adultos.
El Estado tiene una responsabilidad primordial. No es que la desnutrición haya desaparecido, pero debe reconocer que el principal problema nutricional hoy en la Argentina es la obesidad infantil. Para contribuir a mejorar la calidad de la alimentación hay que legislar y regular el consumo de alimentos no saludables; establecer políticas fiscales para estimular el consumo de frutas y verduras, a la par de no incentivar el consumo de alimentos no saludables como las bebidas azucaradas; limitar la publicidad de alimentos ricos en azúcares, sodio y grasas en la vía pública o en horarios en que los niños y adolescentes ven televisión; asegurar la implementación de actividad física y quioscos saludables en las escuelas. Dar de comer es fundamental, pero el problema actual más importante es la malnutrición.
