Estamos viviendo el cambio epocal más grande que se haya experimentado en toda la historia de la humanidad y seguramente por eso, en este tiempo, se superponen cinco generaciones: Baby boomers, totalmente analógicos, nacidos entre 1946 y 1968; Generación X, apenas usaron computadoras (1969 a 1980); Generación Y o Millennials (1981 a 1993); Generación Z o Centennials nacidos en la era digital (1994 a 2009), más los nacidos después del 2010.

Muchos hemos sido testigos de la evolución acelerada de la tecnología impactando en todas las áreas del quehacer humano. Uno de estos avances fue el de las comunicaciones. 

En mi niñez era un privilegiado el que tenía una línea de teléfono fijo. Había muy pocas y se llegaba a pagar hasta más de U$S 10.000 para comprarla a alguien que la cediera.

Me acuerdo que cuando me mudé de casa con mi esposa, por suerte, la vieja empresa de telecomunicaciones Entel anunció un plan (Megatel) en el cual, después de pagar durante 4 años se comprometían a instalarte un teléfono. ¡Había que tener paciencia! 

Hoy hay más líneas telefónicas que habitantes en el planeta, (yo tengo dos y en casa hay una o más por persona).

El cerebro era una caja negra que, más allá de su constitución biológica (neuronas, sinapsis, etc.) nadie sabía qué pasaba adentro de la cabeza. Pero ahora Elon Musk anunció que para fin de este año 2022, una de sus empresas (Neuralink) producirá chips que se implantan en el cerebro para "sacar información" que, vinculada con la robótica, permitirá cierto tipo de movilidad a personas con parálisis. Por este camino, en poco tiempo podremos mandar mensajes con nuestro celular, abrir puertas y realizar varias actividades sólo con pensarlas. 

En este contexto, tecnológicamente tan revolucionario, aparece el coronavirus para acelerar notablemente estos cambios anticipando varios años del futuro.

El nacimiento de mi nieto Otto esta semana, además de alegrarme por la generosidad del don de la vida, me hizo pensar todas estas cosas desde otra perspectiva. 

Forman parte de los "Pandemials" aquellos que nacieron durante un tiempo profundamente modificado por la pandemia, es decir un mundo desafiante, conflictivo y contradictorio.

La primera, es que Otto pertenece a una sexta y nueva generación, la de los "Pandemials" que son aquellos que nacieron durante un tiempo profundamente modificado por la pandemia. Lo segundo es pensar en el mundo que lo recibe (desafiante, conflictivo y contradictorio) y el mundo que ellos (los pandemials), van a construir y vivir.

Pensaba que cuando Otto tenga cinco años, la mitad del trabajo en el mundo será realizado por máquinas.

Cuando cumpla 10, la mayoría de los autos serán de manejo autónomo. Me cuesta un poco imaginar qué tipo de educación lo espera cuando ya tenga 15 pero sé que será muy diferente a la actual.

Cuando cumpla 20 años, seguramente trabajará desde su casa a través de entornos virtuales con realidad ampliada donde lo fundamental de su tarea será intelectual.

A los 25, estará viviendo en una casa inteligente construida por una impresora 3D y a los 30 es muy probable que ya se haya producido la "singularidad", que es cuando la Inteligencia artificial supere a la inteligencia humana. ¡Qué mundo apasionante lo espera!

Está bastante claro lo que va a suceder con su entorno tecnológico, pero es mucho más difícil suponer qué pasará con la sociedad. 

Por eso, me pregunto: ¿serán Otto y los pandemials capaces de aprovechar tanta tecnología para ponerla al servicio del hombre? ¿Podrán achicar las brechas tecnológicas que generan tanta exclusión? ¿Serán capaces de construir un mundo más humano?

 

Por Gustavo Carlos Mangisch
Director de Innovación y Calidad en Educación del Espacio Excelencia y de la Maestría en Nuevas Tecnologías (UCCuyo)