Sin duda la infancia es la mejor etapa de las vivencias que tuvimos, con el sentido de la felicidad en el reino de la infinita naturalidad y sencillez, difícil de conseguir en la adultez. No obstante, son necesarias las normas de conductas que limiten las espontaneas decisiones infantiles. Es importante orientar su comportamiento para evitar los problemas que acechan en sus acciones futuras.

De por sí un niño que piensa merecer privilegios, corre el riesgo de creer que en todas las situaciones de vida están plenamente justificados ya que actúa en busca de un beneficio del que cree ser poseedor. Si los padres fomentan esa retribución, se corre el riesgo de que tal conducta sea siembre merecedora de un beneficio. Los adultos deben sugerir al niño alcanzar metas u objetivos por esfuerzo propio, buscando que este pueda autodeterminarse sin esperar privilegio alguno por cada actividad que realice. Además tener iniciativa propia para cumplir con sus obligaciones que en su entorno familiar debe efectuar.

El mayor privilegio del niño está en el juego, por el que desarrolla todas sus capacidades y facultades incrementando su iniciativa e imaginación para recrear momentos preferidos. Un pueblo que quiere y protege a sus niños es un pueblo que cuida el valor de la vida y ama a sus hijos y si tiene el mérito de mantener en el tiempo esta virtud, se hace invencible. Que el niño reconozca que las cosas se consiguen por constancia y méritos será un avance al momento de proponer sus iniciativas de colaboración.

Nuestros chicos y adolescentes, reclaman mayor atención y dedicación, no sólo por un trabajo intelectual, libre de prejuicios o protegido de toxinas, sino además por el interés creativo, la expresión artística, el despliegue físico, la competencia y el certamen y su implementación gradual y progresiva en escuelas, clubes y centros de educación especializados creados para tal fin.

El niño de hoy debe volver a los juegos de tierra, relacionarse con la naturaleza y estimar la vida del campo. Debe ocupar los espaciosos valles, circular por montañas, hacer travesías náuticas, realizar prácticas al aire libre y expresar con su cuerpo habilidades; valorar la vida natural, respetar a los animales y apreciar la vida vegetal.

Que nuestros niños sanjuaninos no dejen la infancia tan temprano, que vivan la niñez plenamente sin apuros de llegar a crecer. Construir un mundo para niños es ser un adulto responsable y un adulto comprometido tiene que velar por el crecimiento del niño en los valores supremos.