Según Sigmund Freud, en su Teoría Psicoanalítica, "la negación es uno de los mecanismos de defensa del ser humano para enfrentar un conflicto, a través del cual se ignora o rechaza aquella realidad que le resulta indigerible o que de reconocerla le obligaría a tener conciencia de sus emociones".
La menor de los hijos de Freud, Anna, también investigó sobre la negación. Ella la denominó "como un mecanismo de la mente inmadura que afecta la capacidad de enfrentar la realidad y aprender de las experiencias".
"La negación se ha convertido en un mal generalizado. Por ejemplo, en el plano político, los gobernantes la usan como maniobra de autoengaño para no enfrentar las crisis"
Pero también "la negación" puede ser usada como estrategia política minimizando resultados o situaciones. Varios expertos coinciden en que hay quienes usan la negación como un tipo de excusa, como una táctica para mentir y distorsionar la verdad. No son personas que están pasando por eventos traumáticos, simplemente no desean asumir sus responsabilidades ante determinadas situaciones. En ese sentido, la negación se ha convertido en un mal generalizado. Por ejemplo, en el plano político, los gobernantes la usan como maniobra de autoengaño para no enfrentar las crisis.
La realidad nos indica que el uso de la estrategia de la herramienta de la negación en aquellos que gestionan suelen creer que todavía tienen el poder intacto y al actuar con la Estrategia del Silencio o con la Estrategia de la Negación (negando todo, mitigando el hecho, o aseverando una acción realizada como un éxito). No hacen otra cosa que generar pérdidas aceleradas de credibilidad.
Países como Venezuela, Nicaragua o Cuba poseen un común denominador entre esos gobiernos: siempre niegan todo lo malo que pasa en sus países y culpan a otros de sus errores. Es un patrón que siguen para aparentar que todo está bien. Son capaces de decir cualquier cosa para "proteger" su imagen.
Al emplear este mecanismo de defensa, se inhabilita parcialmente el poder de la persona para hacer cambios, es necesario el reconocimiento de los defectos de carácter, para poder modificarlos, por ejemplo. ¿Cómo se podría cambiar algo para mejorar si no se tiene la conciencia de que hay "algo que anda mal"?
En muchos discursos políticos se aprecia una ingenuidad o una franca estupidez, pues hablan o actúan como si aún los ciudadanos estuviésemos desconectados, ignorantes, sin opinión y en candidez total. Y cuando se percatan de que esto no es así, elevan quejas en contra de la "filtración" de la información y de las diversas fuentes; prensa y medios sociales se convierten así en amenazas terribles.
Mienten con descaro e irresponsabilidad que nos hacen creer que el resto vivimos en otra dimensión cuando son ellos los que la están viviendo en una dimensión paralela al creerse sus propias mentiras dejando al descubierto sus propias deficiencias psicológicas que ni si quiera son inmoralidades, sino que demuestran ser directamente amorales.
Les recuerdo esta frase del escritor y dramaturgo francés Jules Renard: "De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes".
Por Jorge Reinoso Rivera
Periodista
