Resulta atroz e incompresible la trágica muerte de Facundo Cabral, hecho que se ubica en las antípodas de lo que él vivió ponderando en sus trovas y ejemplo de vida: la paz, la hermandad entre los hombres y el amor. La maldad humana quitó la vida a este hombre, que con su poesía, sus canciones, y su particular filosofía de la existencia, hacia tanto bien a la gente, trasmitiéndoles exhortaciones esperanzadoras y llena de cosas bellas. Facundo Cabral tiene una historia personal colmada de infortunios y desdichas, pero como el ave Fénix, emergió de las cenizas, y divulgó por el mundo, como si fuese una misión sagrada, su mensaje fraterno, llano y sincero. Fue una suerte de bohemio-soñador o un embajador de la paz como lo llamaban, que nació en un hogar humilde, transcurriendo su vida con muchas privaciones, sin padre, llevado luego a un reformatorio, andando por el país buscando horizontes, y toda una serie de vicisitudes que lo marcaron
profundamente. Uno de los episodios liminares en su vida fue el encuentro con el presidente Perón y su esposa, quienes sorprendidos por la audacia del niño, lo escucharon emocionados y le concedieron un trabajo a su madre. El mismo relataba este encuentro diciendo que "me llevaron a un lugar, me dieron ropa nueva, me bañe después de meses, y comí comida caliente”. Simultáneamente su temperamento inquieto se fue nutriendo de la cultura gaucha, de la pampa y la lejana patagonia, a la par que leía a los grandes, desde Jorge Luis Borges, la obra de don Atahualpa Yupanqui, hasta Octavio Paz y muchos libros de filosofía, incluyendo con mayúsculas las enseñanzas de Jesús y Ghandi. De cada uno de ellos obtenía verdaderas lecciones de vida, que las destinaba no sólo para darle letra a sus canciones, sino como modelo de su propia existencia. Así fue emergiendo su alma de artista, entonando canciones folclóricas, payando y componiendo.
Otro encuentro que lo marcó -ya en la cúspide de su carrera- fue con la hermana Teresa de Calcuta, el cual logró que su alma abatida por la muerte trágica de su familia, saliera de su estado depresivo. Contaba que la hermana Teresa lo invitó a trabajar en su obra, ayudándole en su enorme obra en favor de los enfermos y pobres. Facundo Cabral tenía un estilo muy particular, en sus recitales incorporaba una especie de monólogos y diálogos con el público, contando anécdotas a veces con chistes, reflexionando, hablando de Dios, de viejos proverbios o sentencias filosóficas, de historias anónimas y heroicas, del mundo de la política, logrando así establecer un contacto muy especial con la audiencia. Para él el planeta era un paraíso o una gran fiesta y el hombre cada día de su vida, tenía que festejarlo.
