El príncipe Felipe de Edimburgo en tres momentos de su vida. Perteneciente a la realeza británica, fue despedido por los ingleses con gran emoción.

El fallecimiento a los 99 años, el pasado viernes, del príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II, ha envuelto en un duelo casi familiar a la inmensa mayoría de los ingleses. Casi el 70 por ciento de la población sigue manteniendo su confianza en la familia real, contra cualquier idea de república que se levanta tibiamente, una o dos veces por década. No obstante, no son pocas las polémicas en que se ven envueltos algunos de los miembros de esta Casa Real, superando a los de las restantes monarquías parlamentarias europeas. Tanto que en algunas ocasiones se ha visto obligado a intervenir el mismísimo primer ministro de turno para ayudar al monarca a encontrar una solución al conflicto cuando este no estuviese referido a romances o separaciones matrimoniales de los integrantes de la denominada Casa Windsor (denominación de la Casa Real del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte).

 

REALEZA POLÉMICA

Últimamente, la polémica asomó de nuevo, sobre todo tras la llamativa entrevista en un programa de la televisión norteamericana al príncipe Harry, que renunció en 2020 a sus derechos dinásticos, y su esposa Meghan Markle. Pero uno de los más sonados fue la negativa de la reina Isabel II a concurrir al funeral de su ex nuera Diana Spencer, ex princesa de Gales (tras el divorcio del príncipe Carlos, en 1996). Fallecida el 31 de agosto de 1997 en un accidente en París, junto a su entonces nueva pareja, Dodi Al-Fayed, la reina ordenó no concederle un "funeral de Estado" por no pertenecer ya Diana a la familia real, siendo como era madre de dos hijos herederos al trono.

El entonces primer ministro Tony Blair no sólo calificó a Lady Di como "la princesa del pueblo", sino que tuvo que convencer a la reina para que asistiera al velatorio. Pero el antecedente más antiguo en el siglo XX fue la renuncia de Eduardo VIII del Reino Unido, que sólo reinó once meses, y se vio obligado a abandonar el trono ante el rechazo oficial de su familia a su boda con Wallis Simpson, una norteamericana divorciada. La noticia impactó en las familias inglesas que, en su gran mayoría, sintieron siempre una cálida "proximidad" con la familia real. Tanto es así que la noble y aristócrata española Cayetana Fitz-James Stuar, última duquesa de Alba, fallecida en 2014, que llegó a estudiar en la infancia con la actual reina Isabel II a quien llamaba "mi prima Lilibeth", dijo a este periodista en 1994 en una entrevista en su palacio de Marbella, que "cada inglés siente que la familia real forma parte de la suya", y hasta hay quienes sostienen que "el bienestar de la monarquía es el de todos, por ello esta institución es algo muy de los ingleses".

UNA CUESTIÓN CULTURAL

Será por eso que los ciudadanos se emocionan cuando la reina celebra su cumpleaños, cuando un príncipe o princesa heredera se casan, o cuando estos tienen el primer hijo; así como lloran y llevan una flor al funeral cuando alguno de ellos muere, como se observa en estos días en el velatorio de Felipe. Es que hablar de los miembros de la familia real inglesa, es sinónimo de hablar de todo el país, porque se considera una institución de la Nación y además un símbolo religioso, ya que el monarca reinante es "Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra" porque así lo dispone la Constitución. Sin embargo, la monarquía renunció hace mucho tiempo a los derechos a voto y a veto en todo lo relacionado con decisiones de los poderes del Estado. Paralelamente, la familia real es una marca, porque son innumerables los atractivos turísticos en Londres y otras ciudades vinculados a la vida de sus reyes o príncipes. Así, los circuitos turísticos más solicitados incluyen bienes inmuebles utilizados por la Corona, la mayoría pertenecientes al Estado, como los palacios de Buckingham, de Kensington, de Hampton Court, los castillos de Windsor, Balmoral, el Sandringham House, entre otras lujosas edificaciones. 

 

VALOR DE ESTA MONARQUÍA

Por otro lado, Forbes, la revista estadounidense especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, publicó en 2017 que esta familia tiene "un valor" altísimo, y que la riqueza de la monarquía británica proviene de tierras e inversiones heredadas, más el aporte de los contribuyentes británicos que apoyan a la familia real a través de una subvención soberana emitida por el Tesoro. Pero también Forbes reconoce que esta familia de los Windsor contribuye anualmente a la economía del país con una importante suma de dinero que, según la citada Tourinews, sólo en 2015 representó 1.361 millones de euros, más 630 millones de euros por ingresos del "turismo real", es decir de aquellos citados itinerarios relacionados con la monarquía y su patrimonio. A su vez, la propia Casa Real dispone de tiendas de souvenirs para la venta de "Royal Collection Shop" que abren en el palacio de Buckingham, el castillo de Windsor y el palacio de Holyroodhouse. Otra disposición inimaginable en otros tiempos, es que desde 1992 la reina Isabel II paga sus impuestos. Cada una de estas situaciones abordadas aquí, ayudan a explicar la permanencia de la monarquía inglesa y lo lejos que está su final. Pero también por qué se preocupan los ingleses y su Gobierno cuando cruje la familia real por algún resbalón de sus miembros más importantes, y la información que se genera desplaza a cualquier otra en urgencia. 

 

  • LA ANTIMONARQUÍA

Mientras tanto, periódicamente aparecen los antimonárquicos, que son minoría entre los ingleses, y critican los gastos de la familia real. Por ejemplo, el llamado movimiento republicano del Reino Unido "ha revelado sus planes de hacer campaña para convocar un referéndum sobre el futuro de la monarquía, una vez que la reina Isabel muera", de acuerdo con lo publicado por el diario "The Guardian" en 2016, cuando la soberana cumplía 90 años.

 

Por Luis Eduardo Meglioli
Periodista, autor del libro "Vida de Reyes"
(Emporio Ediciones, Córdoba)