En esta actualidad fantástica del género humano, donde se puede decir que el orden de la vida implícitamente depende de la tecnología en todo su trascender, el hombre se desplaza por el aire en diferentes formas y con diferentes fines, recreándose audazmente, transformándose en señor del espacio. Pero el vuelo mayor a que pueda aspirar lo encontrará dentro suyo, en la potencia generadora del espíritu capaz de sobrepasar los alcances del infinito, hender la "nada” y alcanzar las regiones de lo imposible: libre de ataduras, desleída la fuerza terrestre sentirse otro siendo el mismo, y con la voluptuosa envoltura del aire sin límites ni horizontes, sobrevolar la Tierra donde los humanos sin ideales no consiguen entenderse.

Desde ese "arriba”, allá por los cielos de la esfera celeste, observando el planeta al que pertenecemos, nos será dable distinguir el escenario de las cosas mundanas, y con una abarcativa mirada podremos cubrir las legiones de personas símiles en apariencia, pero diversas en esencia. Alcanzaremos a reconocer las pequeñeces, que con cargas de susceptibilidad suspicaz llegan a empañar lo luciente y simple de la vida, haciéndola nidal de fútiles implicancias.

Escudriñaremos al hombre transformado en fiera, lobo, hiena o chacal de sus congéneres, depredador de sí mismo y de la pura naturaleza que lo sustenta de vida, preso de una abyecta confabulación interior, avideces pretéritas o presentes, lujuria de la sinrazón que precede al caos.

Sobrevolando latitudes y latitudes, podremos mirarlo todo en aquel "abajo” conculcado por la insensatez y la necedad, y tendremos sobresalto al visualizar bajezas, injurias y crímenes, impelidos todos por los despiertos salvajes instintos acechantes siempre.

Allí estará, también, la misérrima presencia de millones de seres que son "cáscaras” humanas vacías de todo en todo, envueltas en nada de nada, perplejos entes atados a la inopia de la ignorancia hecha cuerpo en ellos, vidas que no son vidas, sólo estares inanimados, cosas sin uso ni valor, cubiertas por el polvo de la pasividad, el abandono y la desidia.

En una mirada vuelta seis mil años -tentativo.-, en aguzada visión de vuelo, podremos advertir y reconocer el invariable caminar sinuoso y áspero del existir humano, desde que comienza a marcarse su historia hasta hoy día.

Con pluralidad de matices y escenarios, en todos los tiempos aparecen las lacras sin continencia, vicios físicos y morales que atacan a la humanidad empujándola a la vileza y a la indignidad.

En los ápices y en los suburbios de la vida en el mundo, con nuestra elevada perspectiva de vuelo podremos captar traslúcida la "evolución” del hombre, emperifollado homo sapiens-sapiens "hacedor de todo” -hasta de su propia destrucción-, criatura inédita, desconocida en su alcance, que no pierde la causalidad irracional de sus instintos.

Desde aquellos confines por los que volemos, oteando con prospección la "aventura” del ser humano, surgirá la inusitada imagen de una Tierra -quizá única en el universo, porqué no- donde el equilibrio en que debe sustentarse toda acción de vida se vuelve balanza con fiel errátil, signo inequívoco de la constante inestabilidad psico-emocional de los seres con conciencia, origen evidente de desquicio cuando se convierte en desdeño hacia "el otro", perdiéndose el concepto de solidaridad humana.

¿Podrá el hombre alguna vez alcanzar el contento de vivir en una sociedad ejemplar, donde las relaciones entre personas se regulen armoniosamente? ¿O vivirá en conmoción oprimente y trastornante, interminable embolismo entre las turbaciones que atacan al hombre cuando se desmadra de sí mismo?

Tal vez la respuesta se encuentre en el "uso" de la cordura, un camino continente de juicio, prudencia, reflexión, madurez y buen seso en la conducta de la raza humana… ¿Una utopía?