En el encuentro con el Comité de Coordinación del Celam durante su primer viaje apostólico a Río de Janeiro con motivo de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, el Papa habló de la clave del Documento de Aparecida: la conversión pastoral. Allí con precisión afirmaba lo que ésta es: "la conversión pastoral atañe principalmente a las actitudes y a una reforma de vida”. De ahí que la primera pregunta que le formulaba a los Obispos era: "¿Procuramos que nuestro trabajo y el de nuestros Presbíteros sea más pastoral que administrativo? ¿Quién es el principal beneficiario de la labor eclesial, la Iglesia como organización o el Pueblo de Dios en su totalidad?”. Siguiendo una clara y fiel enseñanza conciliar señalaba: "La Iglesia es institución pero cuando se erige en "centro" se funcionaliza. Se vuelve cada vez más autorreferencial y se debilita su necesidad de ser misionera. De "Institución" se transforma en "Obra". Deja de ser Esposa para terminar siendo Administradora; de Servidora se transforma en "Controladora". Aparecida quiere una Iglesia Esposa, Madre, Servidora, facilitadora de la fe y no tanto controladora de la fe”.

Lo cierto es que ni su fundador ni la gente quieren una Iglesia "señora”, sino "servidora”. Claro que para aceptar esto se debe abandonar la ambición mundana y asumir la humildad de quien no vino a ser servido sino a servir. En esa joya discursiva que fue el mensaje de Francisco a los obispos, les aclaraba que en Aparecida se dan de manera relevante dos categorías pastorales que surgen de la misma originalidad del Evangelio y también pueden servir de pauta para evaluar el modo como se vive eclesialmente el discipulado misionero: la cercanía y el encuentro. Ninguna de las dos es nueva, sino que conforman la manera cómo se reveló Dios en la historia. Es el "Dios cercano” a su pueblo. Es el Dios que sale al encuentro de los suyos. Subrayaba el Papa, que existen en América latina y El Caribe pastorales "lejanas”, disciplinarias que privilegian los principios, las conductas, los procedimientos organizativos sin cercanía, sin ternura, sin caricia. Se ignora la "revolución de la ternura” que provocó la encarnación del Verbo. Hay pastorales planteadas con tal dosis de distancia que son incapaces de lograr el encuentro: encuentro con Jesucristo, encuentro con los hermanos. Este tipo de pastorales a lo más pueden prometer una dimensión de proselitismo pero nunca llegan a lograr ni inserción ni pertenencia eclesial. La cercanía crea comunión y pertenencia, da lugar al encuentro. La cercanía toma forma de diálogo y crea una cultura del encuentro. Claro que quien debe conducir esto son los obispos, pero aclarando con estas palabras textuales del Obispo de Roma: "El Obispo debe conducir, que no es lo mismo que mandonear. Los Obispos han de ser Pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la interior como libertad ante el Señor, sea la exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan "psicología de príncipes”. Hombres que no sean ambiciosos; capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido: vigilar sobre su pueblo con atención sobre los eventuales peligros, pero sobre todo para cuidar la esperanza: que haya sol y luz en los corazones. Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo”. No son otras que las palabras dirigidas a los Nuncios, encargados de enviar las ternas de candidatos al episcopado aquí en Roma, y con quienes se reunió tres meses después de haber sido elegido Papa. Esto se complementa con lo que el diario vaticano L’Osservatore Romano, tituló en febrero de 2014: "El perfil del Obispo”. Allí se describe el estilo episcopal que Francisco anhela para la Iglesia, publicando su discurso a la Congregación para los Obispos: "No necesitamos un ‘manager’, un administrador delegado. Necesitamos pastores que con su integridad humana aseguren la capacidad de relaciones sanas, equilibradas, para no proyectar en los demás sus propias carencias y convertirse en un factor de inestabilidad. El rebaño necesita encontrar espacio en el corazón del pastor”. Gracias a Francisco, el episcopado mundial recobra cercanía.

También en Argentina con los nuevos nombramientos, directamente rubricados por Jorge Bergoglio. Es que los nombrados en la etapa de los anteriores nuncios, Ubaldo Calabresi y Adriano Bernardini, en su mayoría son para olvidar, más que recordar. Muchos dicen ser pastores, pero parecieran ser más bien, soberbios verdugos de sus sacerdotes, arrimados al calor del poder y del dinero, propagando la cultura del descarte. Algunos arzobispos eméritos ancianos, han sido abandonados sin la ayuda correspondiente, viviendo y muriendo como parias. La obediencia del sacerdote nunca debe ser sumisión a la corrupción. La tarea nuestra como laicos, ya sea en Italia o en cualquier lugar del mundo, debe ser la de apoyar, sostener y acompañar a nuestro clero. También la de informar a la Santa Sede por el bien del Pueblo de Dios.

(*) Escritor italiano.