Edith Stein ha reflexionado y hablado mucho de la mujer, constituyéndose en uno de los temas privilegiados en sus conferencias. El feminismo steiniano se caracteriza porque ahonda sus raíces en la Revelación. La reflexión teológico-antropológica que hace nuestra santa autora viene motivada en gran parte, por la urgencia que ella siente de recuperar la individualidad genérica femenina por la que tanto se empeñó en su vida. Ella siente la necesidad y exigencia vital de establecer los principios característicos de la feminidad para que, a partir de los mismos, la mujer tome conciencia de su ser diverso y pueda desarrollar en sí esos valores que no sólo la distinguen, sino que, además, son el camino autentico para una comprensión de sí y un desarrollo pleno de su vida en totalidad.

Para Edith, la vocación original de la mujer, la recibe junto con el hombre. Y se encuentra expresada en estas palabras del libro sagrado del Génesis "en el origen les fue encomendado a los dos la función de conservar la semejanza con Dios, de dominar sobre la tierra y de propagar el género humano”. Son tres los elementos vocacionales que de aquí se derivan inmediatamente: vitalizar la imagen de Dios, explotación racional de la naturaleza y la procreación. La vocación de ser imagen es la fundamental para toda la humanidad, si bien el modo de actuación va a ser diverso en virtud del género y de la individualidad personal. Pero dónde se descubre más concretamente el carácter específico de la mujer, será el modo en que debe llevar a cabo los otros dos aspectos de la vocación originaria. Su misión de dominar la tierra no será para ella la vocación primaria, sino que ella está puesta como compañera, como esposa que ayuda al hombre en esa tarea.

El otro elemento característico de la vocación originaria femenina es el de la maternidad. Este modo de ser caracteriza, incluso, el modo de pensar de la mujer, más orientado a lo vivo, y su modo de conocer que es más contemplativo.

En base a estos elementos edifica Edith una espiritualidad característica para la mujer.

¿Cuál es el fin último al que la mujer está llamada? Como toda la humanidad, la mujer es imagen de Dios, es decir, debe realizar en su vida la misión recibida por Dios. Y esa misión la realiza en la medida en que cumple con los valores que la definen. En cuanto madre desarrolla su vocación siendo el corazón de la familia y el alma de la casa. Es la educadora de los hijos y la que ayuda al hombre a ser lo que tiene que ser, su papel en la humanidad consistirá en ser la educadora de los auténticos valores humanos que tiene que encarnar en sí y en los demás. La maternidad de la que habla Edith nunca se reduce al campo fisiológico, sino que es el resultado de la puesta en acto de las características que configuran la maternidad en cuanto valor primordial del sexo femenino.

Otro de los aspectos que caracteriza a la mujer es el de compañera, colaboradora con el hombre. Ello implica que la presencia de la mujer, no sólo es necesaria al hombre, sino que, además, enriquece con su presencia y acción de los diversos sectores de la actividad humana, sea profesional, política, económica, social y dentro de la Iglesia. Edith presenta unas imágenes que resumen el ser de la mujer: madre de los vivientes, mujer fuerte, esposa de Cristo y símbolo de la Iglesia.

Hay que tener en cuenta que Edith fue la primera en proporcionar no sólo a las mujeres, sino también a los hombres, sobre todo al clero, una idea objetiva del alma femenina. Luchó para que le sean reconocidos los derechos propios de todo ser humano y los específicos de su feminidad. Defendió el papel de la mujer en todos los ámbitos de la vida cultural y social. Ella nunca puso límites a su actividad profesional. También intentó promover a la intelectual católica como mujer formada científicamente y de pensamiento objetivo. Pidió centros católicos para la formación de la mujer, donde hubiese bibliografía necesaria, casas de descanso donde la mujer intelectualmente formada pudiera encontrar estímulo y contacto con otras mujeres con los mismos ideales, que se animasen mutuamente, se apoyen y se ayuden a los jóvenes que tengan posibilidades de trabajar científicamente y encontrar en este trabajo lo suficiente para vivir.

Constantemente se esfuerza Edith por orientar la mirada de la mujer hacia su purísimo ideal, hacia María, como modelo de mujer fuerte, de esa mujer capaz de asumir en la historia los papeles más imprevisibles y de llevarlos a término con calidad, precisamente porque fue la mujer cuya calidad de vida rebosaba desde lo más profundo de su ser.