‘Se veía venir‘. Esa es la frase que más suena este fin de semana. No es moda, pero podría serlo. Y es que el accidentado comienzo oficial en San Juan de la Corriente Nacional de la Militancia, provocó que más de un dirigente sacara a relucir esas palabras. No hay ni hubo precisamente ‘buena onda‘ entre las agrupaciones K de estas tierras y la JP, quedó bruscamente expuesto antenoche. Los golpes recibidos por los jóvenes sanjuaninos, -dicen a manos de mendocinos y puntanos traídos por ‘alguien‘- son testigos fieles de esa falta de concordancia. Mucho trabajo tienen ahora en el cristinismo nacional más puro que, en San Juan, y según se vio en la última visita de CFK, lo tiene como referente a José Luis Gioja; aunque coquetea con otros, como es la costumbre desde hace años en el kirchnerismo. Los K deberán trabajar para la unión o no, si es que las cosas se dan como aparentemente pretende el senador Ruperto Godoy, promotor del acto del viernes. Varios ven el quiebre, pero habrá que escuchar al líder, seguramente. Párrafo aparte para el senador Daniel Filmus, quien se llevó de recuerdo algunos tomatitos sanjuaninos sembrados en 2010 cuando él defendió la porteña Ley de Glaciares en el Congreso. Paradójicamente en aquel momento Filmus estuvo enfrente de Godoy, el mismo que ahora lo invitó al lanzamiento de La Corriente en San Juan. Fue, recuerdan memoriosos peronistas sanjuaninos, justamente el senador Godoy quien se encargó de regar en San Juan que Filmus había negociado defender la Ley de Glaciares a cambio del apoyo de sectores de izquierda a su candidatura a jefe de Gobierno porteño. Parece que Godoy se olvidó, pero evidentemente los mineros no y el viernes fueron a recordárselo a Filmus. En el medio de los encontronazos hubo traiciones -fuertes- como en las mejores películas del tradicional PJ argentino. Todo en un contexto enrarecido: si bien la ‘rebelión‘ de gendarmes y prefectos nada tiene que ver con los líos políticos locales, son cuestiones que van apareciendo de la mano de la intolerancia, palabra repetida en la Argentina de hoy.
No importa la torpeza para escribir en un recibo de sueldo, pero sí interesa la falta de cintura a la hora de resolver problemas. La mala liquidación de los haberes de miles de prefectos y gendarmes argentinos, y la reacción de éstos al encontrarse con hasta 50% menos de su ya magro sueldo en los cajeros, es típico de Macondo, el pueblo de ‘Cien años de soledad‘ de Gabriel García Márquez, en el que todo estaba patas para arriba. Es preocupante que 20 altos jefes militares hayan -deliberadamente, según el Gobierno nacional- liquidado mal el sueldo de miles de agentes de Gendarmería y Prefectura, pero aún es más inquietante que el Gobierno nacional no le encuentro aún el ‘agujero al mate‘, luego de varios días de protestas. En medio de esa evidente falta de inteligencia para resolver problemas, nadie debió hablar de ‘golpe institucional‘, mucho menos si lo presumían, porque fue como echarle nafta al fuego. Aparentemente alguien paró eso, los argentinos deberíamos decirle muchas gracias a esa persona. Hay un límite entre la verborragia y la torpeza, y el Gobierno o, para ser totalmente precisos, algunos referentes del Gobierno cayeron en esa trampa. No en todos los casos el kirchnerismo puede aplicar la teoría de la conspiración: primero porque comunicacionalmente cansa, y segundo porque ocurre como en el cuento del pastorcito mentiroso: al final, cuando realmente los lobos acechan, nadie les va a creer. Mucho menos se puede reaccionar violentamente: dicen los medios porteños que pasaron a retiro a Raúl Maza, uno de los voceros de la protesta. Mala señal otra vez. En este traspié no estuvieron los voceros de siempre y se notó: Aníbal Fernández; Julio De Vido; uno de los últimos, Axel Kicillof; quienes tienen el cuero duro de peleas y saben manejar mucho mejor el estrés, estaban lejos de meterse en un velorio ajeno. Y aparecieron algunos que, evidentemente, tienen problemas a la hora de comunicar: Abal Medina, Nilda Garré, Julio Alak y que Dios ayude a Cristina, porque ninguno supo cómo transmitir. Lo de Alak quedará en el imaginario popular varios años después de este traspié: culpó a algunos medios de ‘levantar‘ a los gendarmes, enojados -los medios- por la ley que les obliga a desinvertir, tal cual considera el Gobierno que debe hacer el grupo Clarín a partir del famoso 7 de diciembre. Aunque la teoría de la conspiración fuese cierta, suena a error mencionarlo, porque es increíble. Y si verdaderamente es así, la pelea es otra. Para pasar en limpio: el Kirchnerismo no aprendió todavía a sangrar por la herida, tragarse el sapo y seguir camino, algo que en política es más que común.

La novela local

En el PJ orgánico dicen que hay gente de ‘César‘ -Gioja- trabajando con Ruperto Godoy. Tienen certezas de ello. Apuntan a algunos dirigentes de Capital, y a uno en particular que, llamativamente, tiene un cargo en el Ministerio de Desarrollo Humano. Obviamente no quieren dar nombres. Del entorno de Godoy salió esta información, que llegó a las oficinas de Paula Sarmiento y Libertador, más rápido de lo que se generó. De ella se tomaron para saber quiénes están dentro y quiénes no. Uno habló, traicionó a Godoy, y en el peronismo orgánico le creyeron al desertor, obviamente. Con esa información, en el PJ lineal ya no tienen dudas de que lo del viernes fue una declaración de guerra. Dicen que correspondía, ya que Gioja es líder del PJ local y, a su vez, uno de los partidos que integra el Frente para la Victoria y por consiguiente la Corriente Nacional de la Militancia, que el mandatario estuviera al tanto y de acuerdo con las invitaciones y los nombres que iban a llegar a San Juan. Nadie le preguntó. Gioja considera que tiene buena amistad con todos los que vinieron, con unos más que con otros: a todos los recibió en la Casa de Gobierno la tarde del viernes. Incluso pidió a sus funcionarios que estuviesen presentes, cuestión que la mayoría cumplió.
En el núcleo peronista dicen que todo estuvo armado: acusan al sector de Godoy de haber traído colectivos de otras provincias como Mendoza, con dirigentes que venían directamente a provocar problemas. Gioja vio enrarecido el escenario y prefirió estar con los chicos de la JP dicen, igual que hubiese hecho Néstor.
Según parece, por los movimientos del senador, Godoy plantea un escenario similar al del PJ local: la venia del líder, manda. Gioja lo hace con cada candidato, y el legislador le plantea al Gobernador una carrera para ver quién logra lo mismo en la escala nacional. Godoy corre con una gran desventaja: no tiene los votos y, por lo que se ve, no le será fácil conseguirlos. Y Gioja deberá mantenerse fuera de estos escandaletes y seguir fogoneando relaciones con la Rosada como lo hizo la última vez que Cristina estuvo en San Juan. Si el escenario sigue igual, Gioja habrá ganado. Si el Norte cambia, Godoy en el mejor de los casos logrará armar una línea interna. ¿Se animará? Ojo con la intolerancia. Lo que pasó el viernes sentará antecedentes y no es la mejor forma.