La saludable costumbre de contar un cuento a los chicos se ha ido perdiendo paulatina y casi definitivamente. Debido al ritmo de vida actual, ninguna mamá, por lo general, dispone de tiempo necesario para permanecer un rato sentada junto a sus hijos pequeños especialmente por las noches al lado de sus camas, recreando para ellos los mágicos y atractivos personajes de los cuentos.

La televisión ha pasado a constituir malamente la voz de la madre y las ricas formas de imaginación, ya que, dados la imagen, el personaje y la música, sólo resta a la menuda audiencia seguir la evolución del tema. La imaginación del niño ha quedado anulada. Sin embargo, los cuentos infantiles son valiosos. Cumplen una importante misión en la evolución del pequeño, y su ausencia deja un espacio vacío, que en su posterior desarrollo puede manifestarse como incapacidad creativa, falta de imaginación o limitación de la expresión verbal. Además de cumplir una función recreativa y estimular la fantasía, los cuentos son portadores encubiertos de los valores y principios de la comunidad.

Es cierto que tiempo atrás se acudía a los tradicionales Caperucita Roja, La Cenicienta, Blanca Nieves, etc, exponentes de una cultura quizá algo rígida. Pero mantienen -aunque no parezca- su vigencia, porque sirven para que en ellos se proyecte parte del mundo incierto del niño, ayudándolo a esclarecer lo bueno de lo malo, lo lindo de lo feo, lo permitido de lo prohibido. Los pequeños se interesan más por algunos relatos que por otros. Cuando así sucede, se hacen leer o narrar insistentemente el cuento de su preferencia exigiendo que sea igual al anterior.

Esa narración, entonces, propicia la descarga de tensiones a través de los personajes brindando una solución y un desenlace tranquilizador, operando como una pantalla en que los vívidos colores que presta la voz de la mamá, sumados a la interpretación y la imaginación del pequeño oyente, contribuyen a reflejar las situaciones personales de miedo, sorpresa, ternura, celos, amor, proporcionando un alivio a sus ansiedades. Por esta razón el cuento ayuda a dormir, induciendo al relajamiento y disminuyendo las resistencias, propiciando un sueño placentero.