Dos piezas de artillería eran disparadas en aquel caluroso enero, repercutiendo estruendosamente sobre las laderas de La Rinconada. El paso de la caballería invasora ya se sentía a galope rápido a fin de cargar contra las fuerzas de Aberastain que estaban arrinconadas en las sierras de Pocito. Ni más ni menos se debatía en el tapete "Las autonomías provinciales”, y era Aberastain quien daría el puntapié inicial en el país a tan importante empresa.

Antonino Aberastain, es una de las mentes brillantes que nacieron en esta tierra, precisamente en el Albardón. Era abogado y político, manejaba siete idiomas, fue ministro del gobernador de Salta, vivió catorce años en Chile asesorando sobre minería, materia de la cual era especialista. Fue diputado del Congreso Constituyente de 1853, ministro de la Corte de Justicia y era íntimo amigo del gran Sarmiento.

Su principal actividad fue sin duda el bregar por las autonomías provinciales en el concierto nacional, incluyendo esta materia en una ley provincial del 30 de diciembre de 1860. Esta situación sin duda produjo el resquemor del gobierno nacional , quien mando a invadir San Juan al mando del coronel Juan Saa y Nazar. Con un ejército formado en su mayoría por mendocinos, empiezan su travesía hacia Pocito con mas de 1.500 hombres fuertemente armados.

Aberastain forma cuatro batallones con un total de 1.200 hombres, y deja al mando de la gobernación a Ruperto Godoy, hombre de su confianza. Montado en un caballo criollo manso, luego de dirigir unas efusivas palabras en la puerta de la Casa de Gobierno, parte rumbo al Sur sin mirar atrás las polvorientas callejuelas de San Juan, sabiendo que no volvería a verlas nunca mas.

Se acuñó al andar de caballo, en las tropas sanjuaninas, una copla que cantaban y que decía "Los sanjuaninos de ayer, sabían pelarse por nada, y ahora van en su ley, a morir en La Rinconada”. Mientras tanto, las tropas opositoras avanzaban ya por Jocolí, con personajes tales como el "Chacho Peñaloza” y "Felipe Varela”.

El sitio del combate, hoy en la curva antes del cementerio, cerca de la Bodega Graffigna estaba arrinconado contra las sierras de Pocito. Se encontraron ambas tropas en el sitio indicado y en feroz combate se batieron durante mas de tres horas con Aberastain a la cabeza. Fue una real carnicería.

Los odios hacia las tropas sanjuaninas, eran grandes, primero por liberales y luego por sanjuaninos (Horacio Videla tomo IV Historia de San Juan).

Finalmente Saá se impuso sobre las fuerzas de Aberastain, sin embargo, a la postre de la batalla, ningún sanjuanino huyó, sabiendo que lo que venía para ellos era, ni mas ni menos, ser pasados a lanza seca. Pasaron la noche en un corral de cabras, y al otro día fueron descalzados y obligados a caminar sin calcetines por el terreno caliente hacia la ciudad.

Aberastain, a la altura de Calle 10 y Joaquín Uñac, exhausto, pidió un caballo o que lo mataran "ya”. Los forajidos accedieron a lo último.

En momentos en que le vendaban los ojos para su posterior muerte expresó "¡No!…..quiero ver entrar las balas en mi corazón.” Ni eso se cumplió, ya que fue atravesado por una espada de los invasores. Símbolo del valor ecuménico, defensor de las autonomías provinciales fue avasallado por el presidencialismo prepotente de entonces.

Pareciera ser que su espíritu combativo y su defensa de las autonomías provinciales, hoy esta mas vigente que nunca.

Pero nunca más avasallado que ahora, con la sanción de la última Ley de glaciares, enferma de inconstitucionalidad, producto solamente de la predica de la envidia, hacia una provincia que resurgió de las cenizas como el "ave fénix”, como una manera de rendir homenaje a los que por años trabajaron, esperanzados en un cambio y con el sólo fin de hacer bien a los suyos.

Y como si esto fuera poco, con la connivencia de algunos legisladores, como los de la provincia de Mendoza, que como plagas pediculares, hoy miran desde abajo los avances y progresos de la que otrora fuera una provincia pobre y dependiente.

Haciendo daño por imprevisión o por inconsistencia, como los niños que matan gorriones a pedradas sin sentido, la figura en el bronce de pie severa junto a un guerrero con casco y espada, y un cautivo cargado de cadenas, que existe de Aberastain desde 1913, en la plaza que lleva su nombre, proclama las convicciones de quien supo refrendar con su sangre la justicia de una causa que fue la causa de San Juan y que hoy está más vigente que nunca.