Para salpimentar con un poco de emoción este momento determinante del armado de listas, con tiempo hasta el 15 de junio, aparecieron un par de condimentos dignos de ser comentados: el visto bueno de la Presidenta en la lista del oficialismo por un lado, y la notable inclinación de la oposición por el único cargo seguro de los importantes, la senaduría, por el otro.
Toda la emoción en el gobierno proviene del lado del sigilo y la determinación con la que Gioja armó su listado. Lo impulsaron motores surtidos: la lealtad -siempre primera-, la capacidad, la trayectoria, la afinidad personal, los intereses sectoriales. Pero hay un detalle que no perdió de vista: contemplar el interés de Cristina, la que será cabecera de boleta y que hoy por hoy funciona como atractivo electoral desde los 65 puntos de opinión positiva que recoge en San Juan.
¿Cuál es interés que puede tener la Presidenta en las listas de San Juan? Ninguno que se conozca por los intendentes, concejales, o diputados proporcionales, más allá de un nota conceptuosa enviada por La Cámpora para ser tenidos en cuenta en un par de asientos. Tampoco con el vice, ni con algún otro cargo que se juegue en el octubre de los provinciales.
Sí, en cambio, hay un nítido interés presidencial de ocupar las bancas del Congreso con gente de absoluta fidelidad al proyecto. Más en Diputados, donde deberá hacer una elección excelente para conservar la misma cantidad de legisladores y, en consecuencia, podría seguir en minoría, que en el Senado, donde la menor cantidad de bancas y la presencia de los peces gordos, le garantizan cierto margen de maniobra en el diálogo y los acuerdos.
Cristina quiere que los que lleguen a la Cámara Baja invocando su nombre no tengan la mínima sospecha de quedar enamorados de las luces de la gran ciudad y los titulares opositores en alguna patinada. Por eso, ha hecho llamar a los gobernadores para sugerirles nombres y en algunos casos -como el de Scioli- acercarles alguna lista.
No es el caso de San Juan, donde la fidelidad de Gioja aparece probada aún en los momentos más difíciles y la relación personal es de absoluto respeto y alineamiento, aunque en política las manos en el fuego suelen acarrear más de una quemadura. Hoy, la relación entre el gobernador y la presidenta es inmejorable, luego de haber surfeado con éxito por los nubarrones del plebiscito. Hace tiempo que Gioja porta la enseña de jefe territorial del kirchnerismo, aún en un terreno más amplio que el de la propia provincia. Y en este punto específico de los legisladores nacionales, todo el giojismo se encolumnó sin chistar aún en los asuntos menos digeribles. Tanto los propios como los aliados, como el caso de la bloquista Graciela Caselles.
No habrá cortocircuitos entonces entre el armado de Gioja y las expectativas de CFK. Porque el gobernador es el reaseguro de esa fidelidad y porque los nombres para las listas de Cristina -casi todos conocidos el viernes y confirmados ayer- son de dirigentes que en casos repiten y en otros están encuadrados bajo siete llaves. En el caso de diputados, Rubén Uñac es un dirigente de fidelidad a prueba de balas. Y para el Senado, Ruperto Godoy -en reemplazo de César Gioja ya caído en desgracia y a quien ni siquiera su último gesto de alineamiento ha conseguido acercar-, llegó con algo más que el visto bueno presidencial: no sólo lo aceptaron, sino lo impulsaron. Puesto tres en esa lista para Cristian Andino, premio a la perseverancia y apuesta al futuro a la vez.
En el caso de las mujeres, la continuidad de Graciela Caselles en Diputados fue un premio a la defensa de la permanencia del bloquismo bajo el ala de Gioja: Graciela supo ya de fidelidades a Cristina en Diputados.
Y en el Senado, otra vez Maira Riofrío. Una legisladora que recorrió miles de kilómetros en términos de fidelidad y que le puso voz al gobernador en el recinto en los temas más pesados, aún estando allí presente su propio hermano. Poco para preocuparse entonces para Cristina por su lista sanjuanina, punteada esta semana en Buenos Aires y ya definida.
Por el lado de la oposición, el rasgo más notorio a esta hora del armado es la inclinación de todas las fuerzas por el único cargo entre los más importantes que tendrán seguro: nada les asegura que ganen la gobernación, alguna intendencia o una banca en Diputados, pero sí es seguro que alguno de ellos ocupará la banca reservada al opositor más votado.
Será entonces una lucha entre opositores, más que una compulsa tradicional oficialismo-oposición. Y todos los movimientos de los partidos provinciales encuadrados fuera del gobierno han encolumnado sus filas en ese objetivo. Todos.
Incluido Roberto Basualdo, aún ante la sorpresiva operación del fin de semana pasado de bajarse de la candidatura a senador. ¿Y cómo es eso? Simple: el senador terminó de entender que, para seguir ocupando el lugar que ocupa, era necesario disponer de una candidatura a gobernador importante que lo traccionara o, de lo contrario, sus opciones serían nulas.
En la lista de opciones de su partido no existe ese dirigente. Y por lo tanto decidió ser él mismo la locomotora del tren, para tirar a un candidato a senador que no siendo él, le resulte muy parecido, como es el caso de Guillermo Baigorrí. Bromeó luego sobre una frase de su ex coequiper Ibarra, quien había dicho que esperaba -antes de saber que efectivamente lo sería- esa locomotora como candidato a gobernador. El senador respondió: "voy a ser la locomotora, pero con menos vagones". Y redobló una apuesta que no hay que confundir: con él al frente, pero orientada a conservar lo que tiene, espacios políticos y la banca en el Senado a nombre de un allegado antes que perderla.
Del otro lado, en el nutrido arco opositor presentado como Unión por San Juan y en el que confluyen radicales, actuaristas, ibarristas y bloquistas disidentes -entre otros-, la primera zambullida a pocas horas de haber firmado tuvo como epicentro la candidatura a senador, la zanahoria del evento.
Es muy curioso. Es que este grupo opositor se armó para los cargos provinciales -gobernador, diputados provinciales, intendentes, concejales- pero debería suponerse que armarán juntos también la oferta nacional -presidente, diputados nacionales, senadores- porque esa elección es el mismo día y con la misma boleta.
Craso error. Aunque parezca una locura que los dirigentes del mismo grupo político se junten para una elección y se separen para otra el mismo día, eso puede ocurrir. Hay dos cosas que contribuyen.
Una, candidaturas presidenciales diferentes. Ibarra no se ve respaldando a Alfonsín, como sí lo hará el resto de sus socios y prefiere encolumnarse con Duhalde para pasar el trago. Dos, el interés por la banca del Senado, ese sale o sale que apetece a todos por igual y que dejará sólo a uno de ellos contento el 24 de octubre aunque no se gane otra cosa. Por eso, era insospechado suponer que no estuvieran el presidencial y los cargos medianamente conversados antes de firmar. Pero no lo estaban.
Picó en punta con decisión Rodolfo Colombo y se encontró con el radicalismo en pleno poniéndole freno y postulando a Freddy Marún para el mismo cargo. ¿Interna abierta el 14 de agosto entre ambos? Ahora, Ibarra insinúa que él también puede tener aspirante, pero en la interna de Duhalde. Si es así, en octubre pueden estar unidos en la provincia y separados en la Nación, en el mismo día y la misma boleta. Lugar hay, pero por ahora parece que será para uno solo.
