El saneamiento de la cuenca Matanza-Riachuelo, el tercer acuífero de superficie más contaminado del mundo, todavía sigue sin solución, a pesar de haberse creado un ente autárquico para encarar los trabajos y mediar la intervención directa de la Corte Suprema de Justicia para que se cumpla puntualmente con el cronograma de ejecución de las obres.
Para los científicos y especialistas ambientales que siguen de cerca las acciones de la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (Acumar), el ente específico formado por la Nación, la provincia y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la meta tentativa de tener limpio el cauce para 2016, tiene las mismas pretensiones de los 1000 días otorgados a María Julia Alzogaray en la gestión menemista de los "90. La cuestión es mucho más compleja del hecho de haber levantado de las riberas unos 10.000 puestos clandestinos de la feria La Saladita, en Lomas de Zamora, erradicar viviendas, basurales y trazar caminos en ambas márgenes a modo de contención a las ocupaciones. Tampoco basta con retirar la chatarra de embarcaciones y multar a quienes vierten líquidos residuales por encima de los niveles permitidos.
El problema que enfrenta el saneamiento es por demás complejo y tiene que ver con la política de control industrial y los mecanismos utilizados por Acumar para dotar de agua limpia a un río putrefacto que afecta la salud a cinco millones de personas. Los últimos estudios de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que desde 1998 analiza el comportamiento del río, son absolutamente pesimistas, si no se cambia la metodología actual del saneamiento.
Han detectado elevados niveles de metales pesados y de materia orgánica en el lecho, con nula concentración de oxígeno, por lo que la calidad del agua no ha mejorado en absoluto y, peor aún, estudios de laboratorio comprobaron que en el hipotético caso de cambiar el agua contaminada por una pura, destilada, en una semana se volvería a contaminar por efecto de los sedimentos.
Por eso, sin un ordenamiento territorial, que impida la descarga de efluentes tóxicos al cauce y un programa biodegradable para controlar el barro sedimentado en el fondo, como se hizo en la India con el Ganges, o en Londres con el Támesis, los expertos señalan que el Riachuelo limpio seguirá siendo una utopía que viene desde el Siglo XIX. Y lo más grave: el grado de polución ya amenaza al Río de la Plata, una fuente de agua que abastece a más de 14 millones de personas.
