La proliferación de pintadas, pegatinas y graffitis en la vía pública es un problema que no es exclusivo de nuestra provincia, pero que sería interesante combatirlo a fin de evitar los efectos sociales que esta forma de expresión ocasionan en las distintas comunidades, ya que no sólo proporcionan un mal aspecto o afectan la estética de un lugar, sino que transmiten un mensaje que en la mayoría de los casos es ofensivo o apunta a degradar a personas o instituciones.

La importancia de limpiar eficientemente los graffitis de edificios públicos, viviendas particulares o espacios comunes de la vía pública radica en que quienes han estudiado este fenómeno coinciden en que los pintores valoran la pervivencia de su obra. Si esta no se mantiene a la vista durante cierto tiempo, el grafitero desiste de volver a pintar en el mismo sitio y busca otro más alejado para expresarse.

Un ejemplo de la seriedad que se le da a este tema y el empeño que se pone por tratar de evitar su proliferación lo encontramos en la ciudad de Barcelona, en España, donde se está por iniciar una millonaria campaña de limpieza que incluirá medidas preventivas para evitar que se vuelva a ensuciar. Una de ellas es la puesta en práctica de un catálogo que se ha ido documentando en los últimos años, con el que se consigue conocer la identidad de los autores del graffiti, a fin de poder iniciarles un expediente sancionador, con multas muy onerosas.

Otras de las medidas preventivas es pintar los elementos urbanos, como farolas, semáforos y soportes de señales de tráfico, con un producto químico antiadherente, que evita que puedan adherirse pegatinas y pinturas de aerosoles o de marcadores permanentes.

Se ha comprobado que las pintadas, pegatinas y graffitis aumentan considerablemente en épocas electorales, por lo que en nuestra provincia sería conveniente iniciar campañas de concientización a fin de que las distintas fuerzas políticas, instituciones o entidades que habitualmente eligen sus autoridades por medio de compulsas electorales den el ejemplo al resto de la comunidad, evitando ensuciar los espacios públicos, como paredes de edificios o las fachadas de las viviendas, en un claro avasallamiento de los derechos de la comunidad a vivir en un medio libre de contaminación visual.