La original Unión Cívica Radical Bloquista de los hermanos Cantoni, nacida el 27 de febrero de 1918, hacen ahora 102 años, vive horas poco iluminadas por discusiones internas como en las mejores familias. Al parecer los principales dirigentes y muchos afiliados tienen sus razones para discrepar sobre heridas abiertas desde hace tiempo y, sobre todo, por el más que discreto protagonismo del partido en las últimas décadas. Según vimos en DIARIO DE CUYO hace unos días, en el bloquismo ha explotado una dura hostilidad que debe tener, seguramente, sus centenares de réplicas en otros dirigentes y afiliados que podríamos calificar de segunda y tercera línea, pero que merecerían mayor protagonismo sobre todo a la hora de caminar con mayor agilidad los tiempos políticos que corren. Entre tanto, algunos giran sus ojos hacia los inmaculados retratos de sus guías indiscutidos, como explorando en ellos la memoria del futuro inmediato. Federico Cantoni y Leopoldo Bravo, por citar los líderes más importantes de la agrupación, parecieran percibir desde el más allá esas miradas de sus herederos, y se ilusionan en poder mandar señales de "levántate y anda bloquismo”, pero no resulta tan fácil. En medio de la borrasca, algunos antiguos y respetados afiliados levantan su mano, y entre hervores de tilo y manzanilla en los distintos comités de la provincia, tratan de superar sabiamente el momento. Ponen sobre la mesa los paisajes gloriosos de cuando los molinos de la estrella jugaban felices con sus poderosas aspas. Otros bloquistas, más silenciosos, escépticos, miran desde afuera hace mucho tiempo, mientras vibran sus pensamientos bajo esa penumbra de la sangre histórica que corre por sus venas balanceándose entre la sensatez y el desvarío. Así las cosas, el bloquismo hoy, navegando entre Graciela Caselles presidenta y Luis Rueda cabeza de la Convención, bucea una vez más en busca de una salida airosa. Mientras Caselles aparece severa en su discurso de jefa mayor, desmintiendo ser protagonista de la interna local del Justicialismo, del que es socia. Rueda parece explorar en la receta original de la estrella, cómo explicar la situación a los militantes y a sus más allegados, y encontrar un camino adecuado para la unidad. Mientras tanto los descendientes de Leopoldo Bravo miran la crisis desde su ventana, sin que se observen, al menos públicamente, que las actuales autoridades del bloquismo los convoque a tomar un café. Ahora, el trabajo de recuperar a la militancia no será fácil, pero aseguran que hay espaldas. En cualquier caso, no son tiempos de cuervos si se tiene asumido el papel de servicio al pueblo que deben cumplir los partidos políticos. Al soberano no le importa las internas y aspira ver respetado los compromisos partidarios con las bases. Es indudable que Caselles, aún con futuro partidario, debe dar paso a quienes vienen detrás, sobre todo por una cuestión elemental de alternancia. Y para los bloquistas de a pie, es decir, la mayoría, parece caer bien Rueda, no sólo por su juventud, sino porque, a pesar de haber sido convocado en 2015 como secretario privado del gobernador justicialista, Sergio Uñac, función que ya realizaba cuando aquel fue vice gobernador y antes intendente de Pocito. No ha renunciado en ningún momento a sus convicciones bloquistas, algo no fácil de mantener al calor del ejercicio del poder, a unos metros del despacho gubernamental de otro jefe partidario. Todos sabemos que esta relación bloquista – justicialista la inventó Federico Cantoni en 1945, ante la irrupción de Perón, pero contra la voluntad de Aldo, uno de sus hermanos, sentado más a la izquierda de la política; la redescubrió Leopoldo Bravo en aquella fórmula con el secretario general de la CGT, Enrique Lorenzo Fernández, para las malogradas elecciones de 1962, y más adelante, en tiempos de la recuperación democrática con Leopoldo Alfredo Bravo, Gioja y los Kirchner.
Segmento histórico
Hoy vienen del centenario de creación del bloquismo (1918-2018), y van hacia otro centenario de la agrupación (1923-2023): el de su primer gobierno. Seguramente en este lapso, las cabezas de aquel original cantonismo, encontrarán la paz y esa reivindicación histórica que parecen esperar los que se emocionan con su historia.
Por Luis Eduardo Meglioli
Periodista
