El segmento de jóvenes que ni estudian ni trabajan en la Argentina, denominados "ni-ni”, se incrementó, desde 2003 a la fecha, un 17% según un informe del Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC). La franja de edades va de 15 a 24 años y alcanza casi a un millón de personas.
Pese a los esfuerzos del Ministerio de Trabajo de la Nación, para insertar a este segmento de la sociedad, el deterioro del sistema educativo complica las posibilidades de reducir el margen, en virtud del reciente informe que publicó la Unesco, el organismo de las Naciones Unidas para la ciencia, cultura y educación. El reporte señala que uno de cada dos alumnos abandona la escuela secundaria y apenas un 31% de los que ingresa a primer grado logra completar el ciclo lectivo obligatorio. El casi millón de jóvenes surge de estudios realizados en base a cifras de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC.
Las cifras indican la gravedad del problema y lo difícil que es resolverlo; es un fenómeno preocupante y de gran complejidad. Cuando la presidenta de la Nación lanzó a principios de 2008 el programa "Jóvenes por más y mejor trabajo”, un plan de asistencia para integrar al mercado laboral a las personas de entre 18 y 24 años, que no estudian ni trabajan, se estimó en ese momento un universo total de 600.000 beneficiarios, según anunció Cristina de Kirchner. Sin embargo, en lugar de decrecer, el desempleo juvenil aumentó hasta tal punto que el propio Gobierno debió reconocer en el presupuesto de este año la asistencia a más de un millón y medio de beneficiarios por un total de 1.027 millones de pesos. Esta cifra representa cuatro veces más de lo que se destinó a este mismo programa en 2009, unos 225 millones de pesos.
Crecer sin desarrollo es un engañoso presente pasajero sin futuro sustentable, porque crecer descuidando a los jóvenes es condenar el progreso del país. La generación "ni-ni”, con la connotación que ahora se le ha dado en Europa, "ni trabajan ni tienen esperanzas”, enfrenta un duro desafío en este tiempo. Se sabe que un futuro mejor exige iniciativa, esfuerzo y voluntad de emprender. Padres y docentes tienen la misión de alentar esas conductas desde la infancia y a través del estudio.
En otro plano, es deber de los gobernantes, políticos, dirigentes y ciudadanos la función de promover las acciones necesarias para que el país genere oportunidades de trabajo a quienes posean la capacitación requerida, cimentando un gran proceso de integración generacional.
