La comunidad sanjuanina ha sido sorprendida por el insólito recibimiento que tuvo la Reina Nacional del Sol y un funcionario de Turismo, en oportunidad de visitar la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan, en cumplimiento de una promoción para postulaciones a sucederla en el trono. La actitud contestataria y descalificadora de una profesora hacia el mayor acontecimiento cultural y artístico de la provincia, es una afrenta a la sociedad sanjuanina.
Sin entrar en los detalles del ataque intempestivo de la docente de la cátedra de Literatura Hispanoamericana a Macarena Guerrero y a un funcionario provincial que la acompañaba, es de por si repudiable el comportamiento ético y de educación de quien profiere improperios a una visita, más en una casa de estudios superiores, por el simple hecho de no estar de acuerdo con los contenidos de la Fiesta del Sol y los requisitos exigidos a las candidatas a reina. El sentido común no existe en el razonamiento cuando se impone el autoritarismo retrógrado.
Peor aún, la profesora Estela Saint André ha reiterado y acrecentado sus ataques, ya en el terreno personal, contra sus visitantes generando a la vez voces corporativas solidarias de quienes ven en los claustros espacios doctrinarios confrontativos. De otra manera no se explica que las intenciones de la reina de convocar a las jóvenes estudiantes haya terminado con el irreflexivo giro de la profesora contra la minería y la principal explotación en San Juan, exacerbando el ambientalismo ideológico y político que pregona.
La visita de la reina no era a la dueña de la cátedra, sino a las alumnas, pero sirvió para observar la declinación de la enseñanza, que además de lo específico, debe pregonar conceptos que reflejen educación, respeto por las expresiones culturales, artísticas y populares y, en particular dar señales de la integración de la universidad en el desarrollo de los pueblos, como reclama la ciudadanía que la soporta financieramente. Saint André, con su actitud, ha dado una bofetada a las buenas intenciones del Rectorado al permitir estas visitas promocionales.
El problema es circunstancial y pueril -concurso de belleza-, que no debería llegar a debate. Lo preocupante es que una catedrática lo aproveche por la repercusión mediática para manifestar el fundamentalismo ideológico de sus resentimientos personales.
