Como ocurre en cada ciclo, el otoño sanjuanino calificado como la mejor estación por su clima apacible, como una prolongación benigna del verano en un marco dorado de inspiración poética, también tiene su lado oscuro. La otra cara es la hojarasca que invade veredas, plazas y espacios públicos, sin que se haya creado conciencia en los frentistas sobre la mejor forma de recoger las hojas y la necesidad de ampliar los servicios municipales de limpieza y levantar esta basura.
Las hojas plantean un verdadero dilema al vecindario de nuestra ciudad y zonas residenciales con frondosa arboleda pública, generalmente de moreras híbridas. La caída de las hojas y algunas ramas, si se las embolsa para que las lleve la recolección de residuos domiciliarios, en general se rechaza porque ese personal argumenta que en otro momento pasará un camión para retirar exclusivamente las hojas acumuladas. Se suman otros problemas, como la desaprensión de barrerlas hacia las acequias del arbolado, lo que ocasiona taponamientos con desbordes que inundan la calzada y, lo peor, la quema de hojas en las tazas del arbolado, con daños irreversibles al ejemplar y el riesgo de provocar incendios si el viento acompaña.
En la zona rural también se plantea este problema y más preocupante. Las hojas no se entierran sino se queman haciendo parvas, y la humareda mezclada con nieblas matinales, ocasiona serios inconvenientes al tránsito por la escasa visibilidad. Más grave todavía si la quema origina incendios de campos como en la zona de Médano de Oro. Por ello, se necesitan medidas para evitar males mayores, tanto en áreas urbanas como rurales, de parte de comunas y organismos relacionados con el hábitat y la ecología.
