Un veterano dirigente radical mendocino, Cyrlen Alberto Zabala, relataba orgullosamente su último acto vivencial en la presidencia del Dr. Arturo Umberto Illia, al producirse el golpe militar de 1966. Zabala fue uno de los hombres leales que permaneció hasta los últimos momentos junto al presidente constitucional: ‘Estaba con Orlando Molina Cabrera (sanjuanino fallecido en 1983) y juntos vimos cómo un hombre digno increpaba por su actitud a los uniformados que lo derrocaban sin atreverse a detenerlo…’. Rescato este episodio en relación a los 30 años del fallecimiento de este preclaro hombre, el 18 de enero de 1983. La historia se encargó a ubicarlo en el panteón de los grandes, no sólo por su ejemplo de honestidad y probidad, sino también por su brillante gestión.

De origen cordobés, hijo de inmigrantes italianos, nació con el siglo en 1900, graduándose de médico. Siendo joven abrazó el ideario yrigoyenista, ocupando diversos escaños políticos. En Córdoba, donde se inició la Reforma Universitaria de 1918, emprendió su carrera política, siendo senador, vicegobernador y casi gobernador, porque no pudo asumir por la invalidación de los comicios que antecedió a la destitución de Arturo Frondizi. Más tarde llegaría a la presidencia.

Si bien ganó esas elecciones con el peronismo, impedido de utilizar su denominación, lo hizo también con casi todo el apoyo del Colegio Electoral que arbitraba la elección presidencial. Por lo tanto, nunca existió el ‘pecado de la ilegitimidad’. Por primera vez, desde la llamada Revolución Libertadora, el peronismo consiguió dos gobiernos provinciales; no intervino provincias, ni tampoco las segregó por criterios partidistas. En el mandato de Illia, se concretó la mayoría de las propuestas de su plataforma electoral, caso de la anulación de los contratos petroleros, firmados por la gestión anterior, la denuncia de cuestionados convenios internacionales como los firmados con el Fondo Monetario Internacional. Hubo crecimiento y distribución del PBI, mejoras de los salarios y diversificación del sector externo. Y en política internacional logró que las Naciones Unidas se pronunciaran sobre el tema de las Malvinas. Así y todo, fue destituido. Hubo una especie de conjura en la que intervinieron varios sectores para deponerlo, acusándolo de lentitud gubernamental.

Abrumado por planteos militares, presiones sindicales y las críticas de la prensa, en la madrugada del 26 de junio de 1966 los militares lo despojaron del poder. El resto de sus días estuvo alejado la política, pero siempre fue referente o consultor no sólo a su partido. Illia falleció en Buenos Aires en el año en que se restableció la democracia.

(*) Mg. en Historia.