La gran pregunta es si Francisco hará uso de su influencia para presionar a Cuba a respetar los derechos humanos fundamentales, o si solo hará una parada simbólica en la isla para celebrar el reciente inicio de las negociaciones entre Estados Unidos y Cuba -con la mediación del Vaticano- para normalizar sus relaciones bilaterales.
Algunas de las razones por las cuales el Papa argentino podría ser más escuchado por el régimen cubano que otros pontífices y la mayoría de los otros líderes mundiales que han visitado la isla: Francisco fue una figura clave en las recientes negociaciones entre Estados Unidos y Cuba, que culminaron con el anuncio del presidente Barack Obama el 17 de diciembre de que ambos países buscarán normalizar sus relaciones. Aunque Washington y La Habana habían estado hablando secretamente durante varios meses, con la ayuda de Canadá, fue el papa Francisco quien destrabó las negociaciones.
A diferencia de sus predecesores Juan Pablo II, que visitó la isla en 1998, y Benedicto XVI, que lo hizo en 2012, el papa Francisco tiene una larga historia personal de interés en Cuba. Su libro "Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro”, fue publicado en Argentina en 1998, algunos meses después de la visita de Juan Pablo II a Cuba. Leí una buena parte del libro, y es profético en que abogaba por un diálogo entre Washington y La Habana, y criticaba duramente el embargo comercial llamándolo un "bloqueo”. También, critica al "neoliberalismo capitalista”.
El Papa hablará a los gobernantes de la isla en su propio idioma, y -como jesuita- quizás encuentre algunos recuerdos de infancia en común con Castro, que estudió en un colegio jesuita. Además, Francisco contará con un fuerte apoyo de la población cubana. Una encuesta realizada en la isla de la estadounidense Bendixen & Amandi encontró que el 80% de los cubanos tienen una opinión positiva de Francisco, el mismo índice de aprobación que Obama en la isla. Comparativamente, solo el 47% tienen una opinión positiva de Raúl Castro.
Lo más probable es que Francisco usará su considerable capital político en Cuba principalmente para exigir mayores libertades para la iglesia allí. Las leyes cubanas permiten a los católicos practicar su religión dentro sus iglesias, pero no evangelizar a través de programas de radio o televisión.
Esto puede parecer una nimiedad, pero permitiría a la mayoría de los cubanos escuchar un mensaje diferente al oxidado discurso del "socialismo o muerte”. Como argentino que vivió en una dictadura militar en la década de 1970, Francisco debería ser más sensible que muchos a la necesidad de terminar con el monopolio de la información en la última dictadura militar de América Latina.
