-PRIMERA PARTE-
Hylary Putnam es un filósofo norteamericano que da qué pensar. Con fortalezas y debilidades, es un testimonio vivo de que la filosofía es ejercicio del pensamiento en dirección directa a estimular la praxis.
Veremos en breve su vida y su recorrido intelectual. Luego sigue el rico tema de la renovación de la filosofía, para pasar después, en un tercer momento, a bucear en su filón de pensamiento religioso. Finalmente, diremos una palabra sobre su realismo interno y las reflexiones finales.
Es común decir que el trabajo no es exhaustivo. Pues bien, aquí en este lugar a mayor razón. El filósofo Putnam aun vive y además, sólo algunos textos hemos tomado en consideración, quizá los más significativos. Y sólo algunos temas de los que él, en su rica producción, ha indagado.
Leemos sus páginas con la sensación de que en Putnam, el intento de renovación de la filosofía, se articula lejos de la vana palabra o la abstracta elucubración. Sus escritos quieren aportar al pensamiento algo rico y profundo. Por momentos lo logra. Por momentos la altura desciende.
Hilary Putnam nació en Chicago el 31 de julio de 1926. Un año después, su padre y con él la familia se instala en París por motivos de estudio. Allí permanece hasta los 8 años de edad. Luego regresan a los EEUU. Debe su formación intelectual a la escuela analítica de origen neopositivista. Estudió Filosofía en la Universidad de Pensilvania y se doctoró en Los Angeles en 1951. Se dedicó a la docencia universitaria en Princeton, luego en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y desde 1965 es profesor de filosofía en Harvard.
Estudió bajo la dirección de Carnap y Reichenbach, pero confiesa haber leído a Kierkegaard con devoción, y también a Marx y a Freud. Hacia los 40 años, Putnam logró romper el cerco estrecho de la filosofía analítica, hija del positivismo lógico vienés. Durante los años "60, el filósofo se comprometió políticamente. Eran años de la guerra de Vietnam. Optó por el marxismo y el maoísmo. Mucho más tarde dirá: "’Hoy ya no soy maoísta ni marxista, pero una cosa me queda de ese período: la idea de que la filosofía no es simplemente una disciplina académica”.
Después de leer atentamente a Jürgen Habermas y a Karl Otto Apel, Putnam abandona la filosofía analítica y se sitúa en el grupo de filósofos, quizás sin el deseo de formar una escuela, que creen encontrar en las propuestas de los pragmatistas clásicos americanos intuiciones importantes para renovar la filosofía en nuestros días.
La renovación de la filosofía. Para un americano que piensa, el pragmatismo es una posibilidad cercana. Hay un "’humus” cultural que lo antecede. Nada más lejos para él que el abstracto pensamiento que "’ve” la realidad desde un castillo idealista en el sentido hegeliano del término. Preguntado por la revista Cogito sobre cuáles son las tareas más importantes que la filosofía está llamada a cumplir, Putnam dirá: "’Los filósofos tienen la doble tarea de integrar las diversas concepciones del mundo y de nosotros mismos (…), y ayudarnos a encontrar un camino con sentido en la vida. Encontrar un sentido a la vida no es cuestión de descubrir un conjunto de doctrinas, aunque sí tiene que ver con tener una concepción de la vida; consiste mucho más en desarrollar una sensibilidad. La filosofía no se ocupa sólo de cambiar nuestras concepciones, sino también de cambiar nuestra sensibilidad, nuestra habilidad de percibir y reaccionar a los matices”.
Para el filósofo, es imperativo ineludible tratar de hacer un mundo mejor, y en ese sentido "’la filosofía debe desempeñar un papel”. Es decir, la tarea de Putnam en los últimos años tiene que ver con una renovación de la filosofía, que va en la línea de unir el rigor del pensamiento con la condición humana en sus dimensiones varias, y dotarla así de un rostro humano. Putnam es de los que piensan que los problemas de los filósofos y los problemas de los hombres y las mujeres están conectados de suyo, y que es parte de la tarea de una filosofía responsable hallar la conexión iluminante. A la vez, es optimista, y se lamenta de que los jóvenes de hoy no quieran arriesgarse. Es de los que piensan que "’no hay razón para no tratar de llegar al fondo del misterio de las cosas, aun cuando, a la vuelta, tengamos que decir que nos hemos golpeado la cabeza en el camino”.
Fue en parte por estas inquietudes de renovación de la filosofía que Putnam, a sugerencia de su amigo Wilfrid Cantwell Smith, se convirtió en miembro del Comité de Harvard para el Estudio de la Religión, a comienzos de los años "80, y dirigió algunas tesis doctorales en el área de las relaciones entre filosofía y religión.
