La violencia que rodea al fútbol crece por la impunidad que favorece a las hinchadas de clubes convertidas en verdaderas asociaciones ilícitas, con sospechas sobre dirigentes de las entidades involucradas en los hechos. La Justicia ha llegado a conclusiones que determinaron penas de cárcel a los cabecillas que parecían ejemplarizadoras pero todo indica que se están lejos de impedir los desbordes.

El caso más dramático se vivió el viernes pasado en el estadio Bautista Gargantini de Mendoza, donde entrenaba a puertas cerradas el equipo de Independiente Rivadavia de esa provincia, acompañado por el cuerpo técnico, autoridades de la entidad y personal. En esos momentos, alrededor de un centenar de hinchas encapuchados irrumpieron en el campo de juego, tras saltar las paredes lindantes, y atacaron con bombas Molotov, armas, palos y piedras.

Los barrabravas se ensañaron con los autos de los jugadores, allí estacionados, y al intentar defenderse de los agresores, recibieron brutales golpizas en particular el dirigente Domingo Marzari y el delantero Diego Caballero, heridos con arma blanca y palos. Nada es casual, ya que estos grupos enardecidos habían amenazado a los jugadores y dirigentes, por lo cual fue solicitada la protección policial, que estuvo en el lugar y se retiró minutos antes del ataque. Ante el gravísimo hecho, la AFA dispuso postergar el partido con Atlético Tucumán, que debía jugarse hoy, para el miércoles venidero, y sin público.

Pero, ¿hasta dónde incursionan las barras sin un guiño superior? Es la pregunta que se hace el juez De Campos, que ha citado al presidente de Boca, Daniel Angelici, a prestar declaración testimonial en la causa en la que se investiga una asociación ilícita enquistada en la barra brava del club con supuesta complicidad de algunos dirigentes xeneizes.

Para corroborar más aún el entorno delictivo del fútbol argentino, anteayer la División Homicidios de la Policía Federal allanó el club Vélez Sarsfield en busca de pistas que contribuyan a esclarecer el crimen del presunto barrabrava Diego Bogado, quien fue hallado muerto en dependencias del estadio el pasado 10 de abril, supuestamente víctima de una interna de poder en la barra brava de ese club.

Nada parece fortuito en este oscuro panorama que ensombrece a un deporte que es pasión de los argentinos, pero frena a las familias de concurrir a los encuentros, porque una fiesta se puede transformar en tragedia por actos demenciales.