La festividad de Santa Bárbara, Virgen y mártir cristiana del Siglo III nacida en Nicomedia, Turquía, cuya devoción llegó hasta nuestra provincia para instalarse, fundamentalmente, en dos comunidades muy distantes entre sí, la localidad de Mogna, en Jáchal, y la Villa Aberastain, en Pocito, será celebrada hoy como todos los años, con muestras de amor y agradecimiento, a la que es considerada como la patrona protectora de los productores ante las inclemencias del tiempo y las fuertes tormentas. También figura como patrona de los artilleros, mineros, y en general cualquier profesión relacionada con el manejo de explosivos.

Este año, la crisis productiva provocada por las heladas tardías y otros fenómenos naturales que afectan el nivel de producción frutihortícola de la provincia incidirán, seguramente, en los pedidos que se efectúen a la Santa Patrona.

El festejo que se realiza en Mogna, a pesar de la distancia y lo aislado que es este distrito, adquiere características de multitudinario, ya que hasta ese lugar se trasladan miles de personas provenientes de los más diversos puntos de la provincia. La pequeña localidad distante 124 kilómetros al norte de la ciudad de San Juan, sufre por estos días una auténtica transformación al recibir, en promedio, más de 20.000 fieles que se instalan a los alrededores del templo erigido en el centro del pueblo, en el que residen en forma permanente un par de centenares de personas.

La novena y la posterior fiesta central que se realiza el día 4, cuenta con la asistencia de autoridades civiles y eclesiásticas y cada año, como un milagro para este pueblo, trae la concreción de algunos adelantos que logran que esta comunidad siga creyendo fervorosamente en la protección de la Santa. En los últimos años la presencia casi infaltable del gobernador José Luis Gioja estuvo vinculada a su gran apoyo a este pueblo y devoción a la Virgen, y por la coincidencia de la fecha de su cumpleaños, como varias veces lo manifestó. Por lo que en esta ocasión será el gran ausente, al encontrarse convaleciente tras el accidente aéreo sufrido.

La mejora del camino, que tuvo lugar hace poco facilita el acceso para todo tipo de vehículos, a pesar de que una gran mayoría llega hasta el santuario montando a caballo en cumplimiento de promesas o simplemente para manifestar la devoción a la Santa.

Mogna fue fundada un 11 de agosto de 1753 en base a un pequeño asentamiento habitado por indígenas y mestizos, en las cercanías del Río Jáchal. El curso de agua les permitía realizar, en los primeros tiempos, cultivos de alfalfa y trigo, y luego desarrollar la ganadería y la producción de harina. De esos primeros años datan los relatos que atribuyen la devoción de esta comunidad por Santa Bárbara: Se cuenta que "’unos arrieros pasaban por los campos circundantes transportando en una mula un imagen de la Santa. Cuando llegaron al Alto de Mogna, el animal se escapó apareciendo en un algarrobo del poblado donde actualmente está la iglesia. Los arrieros llevaron la mula hasta el camino que debían seguir, y al día siguiente el animal se volvió a escapar hasta el mismo algarrobo y esta vez encontraron la imagen de la Virgen junto al árbol, por lo que interpretaron que era su deseo quedarse en el lugar”.

Por otra parte se dice que fue "’una tropilla que viajaba desde Valle Fértil a Jáchal, la que fue sorprendida a mitad de camino por una borrasca (tormenta) obligándolos a protegerse debajo de un algarrobal. Un rayo que cayó en las inmediaciones, iluminando uno de los algarrobos dejó ver en su tronco una imagen de la Virgen con particular vestimenta. Se arrodillaron y comenzaron a rezar, y de repente un viento sur se llevó la tormenta. Allí mismo, los arrieros levantaron un altar en honor a "’la patrona de los rayos y centellas”, y de a poco se fue formando un pueblo en base a esta devoción.” Ello serían los antecesores de la Hermandad de Santa Bárbara de Mogna, que con el tiempo sostendrían esta creencia y lograrían que este poblado perdurara en el tiempo.

El otro gran festejo en honor a la Santa está en la Villa Aberastain de Pocito, donde cada año se oficia una novena que es clausurada con una gran celebración religiosa que reúne a miles de creyentes, además de otras actividades entre las que figuran espectáculos artísticos de primer nivel.

Las características de Pocito de ser un departamento productor frutihortícola hace que la devoción a Santa Bárbara esté vinculada a pedir la protección contra las tormentas, para evitar las pérdidas que suelen ocasionar, especialmente, la piedra o el granizo. Hay un dicho que expresa que "’Cuando hay tormenta nos acordamos de Santa Bárbara”, en referencia a esta devoción o en su defecto que "’…Aquí no nos acordamos de Santa Bárbara hasta que truena…”

La historia de esta parroquia se remonta a 1889, cuando se construye una pequeña capilla con el nombre de la Santa, que el terremoto de 1944 destruiría por completo. Luego se haría un nuevo edificio más resistente, pero recién en 1977 se construye el templo definitivo, donde en estos días el pueblo pocitano y de departamentos aledaños se está dando cita para honrar a su patrona.