Si hay un desafío a resolver para el sistema político, es la vigencia y desarrollo de la violencia y la criminalidad. Es primordial identificar qué tipo de medidas podrán ayudar a desmantelar este fenómeno que avanza en las ciudades mostrando la debilidad de la sociedad para combatirlo.

¿Cómo hacer frente a una actividad que día a día suma a diferentes grupos humanos en empresas delictivas?, ¿cuál es la contracara de este problema?, ¿Qué condiciones y a través de que mecanismos se desarrolla?, son preguntas que deben conducir a medidas que abarquen tanto lo social como lo económico porque lo punitivo no ha dado resultados.

¿Cómo se entiende este problema?, ¿Qué relación tiene con los movimientos de población que han hecho crecer a las ciudades sobrepasando su capacidad de servicios y fuentes de empleo?

Desde siempre, situaciones climáticas y políticas han provocado la expulsión de población de las áreas rurales a las zonas urbanas, pero desde hace unas décadas la falta de estímulos y oportunidades en la producción han alentado este tipo de migraciones favoreciendo el desarrollo de agrupamientos humanos vulnerables por su escasa inserción en la economía formal. Esto, sumado a las crisis cíclicas que destruyen puestos de trabajo aumenta la exclusión al aumentar las condiciones de insolvencia de los hogares.

Paralelamente a estos cambios se van advirtiendo otros que impactan directamente en la estructura familiar. Menos matrimonios, más divorcios, hogares reconstituidos y el crecimiento sostenido de las familias monoparentales con jefatura femenina son aspectos que caracterizan el ámbito social.

En momentos en que la violencia y el crimen organizado se expanden por todo el territorio, ¿cómo lograr quebrar ese ámbito con equidad, pluralismo y justicia?, ¿pasa por dar soluciones a los sectores marginados del mundo del trabajo, esos que han sumado a la inestabilidad laboral inestabilidad familiar?. Los riesgos de conductas impropias existen en todas las clases sociales, sin embargo la pobreza aumenta la vulnerabilidad al disponer de menos recursos ante este tipo de riesgos.

Madres solas con sus hijos es el tipo de hogar que más creció en los últimos tiempos, y son estos grupos a los que se debe apuntalar para revertir situaciones de conflicto. Son mujeres que son las únicas proveedoras de la economía familiar y que viven restricciones a la hora de conseguir ingresos. Corren con desventajas a la hora de maximizar ingresos o ampliar la jornada laboral por el número de hijos, estudios, calificación ocupacional, recursos patrimoniales.

Se trata de un grupo que no puede satisfacer mínimamente sus necesidades, ni proteger a los suyos; y la desprotección es hoy en día uno de los mayores problemas de la infancia y la adolescencia. Hay una crisis en las funciones de protección y cuidados que debe brindar la familia. Entonces se crea una dinámica de hogares que no pueden cuidar a sus hijos, porque a quien no fue cuidado no se le puede pedir el cuidado de otros.

Familia y trabajo. Romper esta dinámica es un reto, y está relacionado a la conciliación de familia y trabajo. Las políticas de Estado deben ayudar no a que la madre se quede en casa, sino apoyar a la madre para que pueda trabajar y el sistema social recupere la salud.

El Estado como organizador de la vida social y articulador de intereses debe proteger al capital productivo porque con ello posibilita no solo la estabilización del empleo y la generación de nuevos trabajos sino que está reconstruyendo los lazos sociales. Conjuntamente se hace necesario ayudar a la mujer a ingresar al mercado laboral brindando servicios como guarderías en los centros de trabajo, o asistencia para el cuidado de los hijos, y fomentar medios para que las empresas valoren el equilibrio de la familia en la estructura laboral.

Si se crean mecanismos efectivos de rescate de la pequeña y mediana empresa, y se facilita que estas desarrollen nuevos espacios para el cuidado y atención de los hijos de las mujeres que trabajan, se está mejorando las condiciones de vida del conjunto social.

Apuntalar a las Pymes es sostener y apoyar el empleo y el capital humano, porque el trabajo ayuda a la construcción de la identidad de las generaciones al permitirles que armen y desarrollen un proyecto de vida en una sociedad con la cual se sienten identificados.