Los tiempos que "corremos", nos hacen detener indefectiblemente y reflexionar sobre lo más importante de la sociedad: la familia. Es que recapacitar sobre su función en la sociedad es lo más significativo que hace a los fundamentos de ella misma. Constantemente vemos y advertimos, la cantidad de acciones que se realizan directa o indirectamente en forma de planes o programas que tienen por objetivo apoyarla y favorecerla, es más, mientras ella cuente con mayores recursos, parecería que todo está solucionado pues hay quizás alguien que se desvela -el Estado- y permanentemente quiere paliar sus necesidades. Pero, ¿es que la familia se fundamenta y establece en base a la satisfacción de sus necesidades?

Hoy, lo más vulnerable de todo consorcio humano es la familia. Ella está recibiendo impactos de toda índole. Revisemos algunos de ellos en el marco de su crecimiento, desarrollo y despliegue social. Entre los qué más la comprometen están la disgregación y la desintegración. Es obvio su significado e incidencia en quienes componen la familia ya que ella misma se reciente una y otra vez cuando se ve afectado uno o varios de sus miembros. Otro factor que desencadena su inestabilidad es el compromiso que adquieren los hijos con los mayores adultos, para el caso sería: la determinación de que un joven tiene derechos a participar en actos eleccionarios haciéndose responsable de los destinos de su pueblo al elegir a sus gobernantes; pero nos preguntamos, ¿esos jóvenes, esos hijos, de apenas 16 años, que responsabilidad han tomado para con sus padres o bien para con su familia? ¿Es que acaso desconocemos que incluso casi la mitad de ellos conforman una prematura familia que ni siquiera han planificado y ya tienen que servirse del Estado para poder sustentar precariamente un compromiso de semejante magnitud?

Nuestros dirigentes y legisladores, ¿están seguros de que han dado un verdadero aporte a la sociedad y han contribuido a la constitución familiar disponiendo ellos mismos por los jóvenes de una responsabilidad que solo un ciudadano con experiencia de vida puede sostener?

Advertimos que siempre la familia tendrá necesidades, siempre, tendrá expectativas, pero ¿cuáles son sus verdaderas necesidades y cuáles son sus reales posibilidades? ¿En manos de quién está su futuro? ¿Hay un ejemplo de familia o no lo hay? Pues sí que lo hay. La de una familia que crece en valores, crece en la virtud, crece en el trabajo y en el sacrificio. Una familia que es incapaz de pensar en divisiones, una familia unida, una familia que sabe cuáles son sus límites y sus objetivos, una familia humilde que aunque "’no lo tenga todo” al menos reconoce sus fines y a dónde quiere llegar.

La familia está siendo vulnerada en su esencia misma, en sus propios fundamentos y los temas de interés no pasan por estos, sino por marcados beneficios sociales cuya extensión en el tiempo es efímera y de corta duración. La educación y su formación integral son sus verdaderos pilares pues en los padres están las bases y cimientos de la formación de sus hijos, y por estas calidades se definen sus metas. Otro tanto le pertenece al Estado: la formación ciudadana, que de no estar presente en forma oportuna jamás tendrá consecuencias positivas para un pueblo o una comunidad. Todo lo contrario, sus consecuencias serán nefastas pues un pueblo que no tiene criterios para elegir sus destinos no tiene futuro y este dependerá siempre "de los demás".

Defendamos la familia ante todo, a nuestros hijos, a nuestros padres y madres, que de esta manera se defiende y sostiene verdaderamente un Pueblo, una Nación, un Estado. Sus responsabilidades están no en sus derechos sino en sus deberes. Nadie puede cuestionar los derechos de un niño, de un joven o de un adulto y menos aún los derechos de la célula fundamental de la vida: "el ser concebido no nacido", pero sí podemos cuestionar a quienes interfieren en ellos y condicionan el ejercicio de los mismos pues el deber es siempre orientar y no inducir, formar y educar y no facilitar, crear las condiciones de posibilidad y no dar.

Lo más sagrado es la familia ella no puede ser vulnerada y nosotros todos somos los responsables.

(*) Filósofo, pedagogo, periodista cultural, orientador educacional y escritor.