Como nunca lo había hecho con tanto énfasis y en forma directa, el papa Francisco puso a la corrupción como tema central de la misa celebrada ayer en la capilla de la residencia de Santa Marta, donde se aloja, desde donde envió un mensaje a empresarios, funcionarios y a los gobernantes que caen en lo que definió como un "’pecado grave”.

El Santo Padre alertó que cada vez más gente se ve tentada por el soborno, y al dirigirse a una multitud de fieles, comparó la corrupción con la drogadependencia que comienza con un pequeño sobre y crece hasta convertirse en una adicción. El papa Bergoglio aclaró que no todos los administradores públicos caen en esta tentación, pero son cada vez más "’los devotos de la diosa corrupción” por lo que invitó a rezar para que "’se den cuenta de que la dignidad viene del trabajo digno, del trabajo honrado, del trabajo de cada día”, según expresó.

En este marco, Francisco se refirió a la parábola del administrador infiel, en la que incluso su amo hace un elogio del engaño, lo cual lo calificó de un elogio de la corrupción, una costumbre mundana y fuertemente pecaminosa. Por eso le dejó un mensaje a los que han optado por este camino equivocado, advirtiendo que quien lleva a casa dinero ganado con la corrupción da de comer a sus hijos pan sucio. Y sus hijos, quizá educados en colegios caros, quizá crecidos en ambientes cultos, han recibido de su papá como alimento la suciedad, porque su padre, llevando pan sucio a casa ha perdido la dignidad, sin tener en cuenta que esos niños y jóvenes también tienen hambre de dignidad.

Ha sido un mensaje para reflexión de la humanidad, porque la honestidad va más allá de los credos y no tiene fronteras.