A menos de una semana de la Cumbre Climática de las Naciones Unidas, donde los países miembros se comprometieron en un esfuerzo global para contener el cambio climático, se conoce el último informe del Fondo Mundial para la Naturaleza con datos del colapso de la fauna silvestre por el deterioro de los ecosistemas.
Es la consecuencia directa de lo que la humanidad demanda al Planeta, más del doble de lo que la naturaleza puede renovar para mantener la sustentabilidad de los recursos. El hombre corta madera más rápido de lo que los árboles pueden crecer, utiliza el agua dulce más rápido de lo que los acuíferos pueden recuperarse, y lanza millones de toneladas de gases tóxicos a la atmósfera, más rápido de lo que puede absorber.
Es que la humanidad requiere ahora el equivalente a una Tierra y media para producir los recursos necesarios para equilibrar la huella ecológica, que es cinco veces mayor en los países desarrollados que en las naciones emergentes. En este contexto alarmante, hasta hace pocas décadas el territorio latinoamericano estaba casi virgen con respecto a otras áreas tropicales explotadas intensamente desde mucho antes. Por eso en nuestra región las consecuencias han sido mucho más notorias, y el declive de las especies más intenso que en otras áreas, según el estudio citado.
El mayor peligro para la fauna es la degradación y la pérdida del hábitat natural causada por la acción humana. La pesca y la caza son amenazas significativas, mientras que el cambio climático se ha convertido en crecientemente preocupante, con las primeras constataciones de que el cambio climático es ya responsable de la extinción de numerosas especies. Se observa en la principal conclusión del estudio, al señalar que las poblaciones de peces, aves, mamíferos, anfibios y reptiles ha decaído en un 52% ciento desde 1970. Las especies de agua dulce han sufrido un declive del 76%, en una pérdida que dobla las padecidas por especies marinas y terrestres y remarca que la mayoría de las pérdidas globales proviene de las regiones
tropicales de América latina.
Lejos de Ginebra, donde se publicó ayer el informe, en San Juan se puede comprobar cómo la fauna autóctona ha sido diezmada por persecución o simplemente por haber perdido el hábitat natural, ocupado ahora por el hombre el principal depredador.
