Benedicto XVI ha dedicado la 43 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebra hoy, a reflexionar sobre "Nuevas Tecnologías, nuevas relaciones. Por una cultura de respeto, diálogo y amistad".

Según el Indice de desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (IDI), a finales de 2008, existían en el mundo más de 4.000 millones de líneas celulares, 1.300 millones de abonos de telefonía fija y casi una cuarta parte de la población con Internet. El Senado de la Nación adhirió a esta celebración, señalando que las nuevas tecnologías de comunicación, utilizadas en un marco de respeto mutuo, permitirán avanzar en la comunión de los pueblos evitando la injusticia y la indiferencia.

El tema elegido por el Papa plantea cuestiones importantes desde el punto de vista ético y moral que se refieren al modelo de comunicación que propician las nuevas tecnologías y con las que con tanta naturalidad conviven los jóvenes. Es a ellos a quienes se dirige el mensaje pontificio, pues los jóvenes, a los que llama "generación digital", son los que más usan estos nuevos medios tanto para sus relaciones personales y de amistad, como para la comprensión del mundo que les rodea y la manifestación libre de las propias ideas e intereses, estableciendo auténticas redes sociales, hasta el punto de haberse producido en ellos una nueva pertenencia y ciudadanía en el mundo digital.

Pero no se debe renunciar a la auténtica relación que propicia la verdadera amistad y el encuentro con los otros por un sustitutivo "virtual" que anulara o supliera la comunicación y las relaciones humanas personales y directas, sino más bien, empeñarse en lograr una cultura del respeto, el diálogo y la amistad.

Los padres han de estar vigilantes y propiciar un adecuado clima de familia en el hogar, para que los fraudes de las relaciones humanas no afecten a los jóvenes, de manera especial a los más indefensos psíquicamente como son los adolescentes, provocando en ellos, en no pocas ocasiones, traumas afectivos y emocionales que condicionarán dolorosamente su futuro. El ciberespacio no puede ser un terreno exento de la debida responsabilidad ética y moral.

La mirada al futuro y al mundo digital, tampoco exime, sobre todo en los tiempos de crisis económica que padecemos y que afecta especialmente a los sectores más pobres, de reclamar el aporte de los medios de comunicación social, convirtiéndose con su gran influencia en la comunidad, en lugar de encuentro y promoción de una cultura solidaria siempre necesaria, pero más aún en estos momentos.