Parece un recurso demasiado burdo. Pero Maduro, cuya popularidad cayó a un 20%, parece haber llegado a la conclusión de que resucitar viejos conflictos fronterizos con la vecina Guyana y -aún más importante- Colombia, cambiarán el tema de conversación en Venezuela que no sea la escasez de carne, leche y café, o la tasa de inflación, que según el Bank of America llegará a 172% este año. Las excusas políticas anteriores de Maduro de que el desastre económico se debe a una supuesta "guerra económica” de la oligarquía y EEUU, ya no están funcionando.
Después de 15 años en el poder, en los cuales la mayor parte del sector privado venezolano ha sido diezmado y una casta de seudo revolucionarios corruptos se ha enriquecido, al gobierno chavista se le hace cada vez más difícil culpar a terceros por el desastre nacional. De ahí que la nueva estrategia sea cambiar la agenda nacional.
A principios de esta semana, Maduro anunció que convocará a una "unión cívico-militar” para enfrentar una "maniobra internacional de la derecha para provocar a Venezuela con problemas limítrofes”. La supuesta "maniobra” es dirigida por Exxon Mobil y Guyana, tras un significativo hallazgo de petróleo en aguas del Caribe que están en disputa, aseveró Maduro.
El 26 de mayo, poco después del anuncio de Exxon Mobil, Maduro emitió un decreto reclamando las aguas del Caribe donde se produjo el hallazgo petrolero. Pero el decreto fue más allá: creó cuatro "zonas operativas de defensa” de la soberanía venezolana en el área, incluyendo una en disputa entre Venezuela y Colombia. Eso, a su vez, dio lugar a una protesta formal por parte de Colombia, cuyo presidente Juan Manuel Santos dijo que el decreto de Maduro equivale a una violación de los derechos de Colombia, y exigió que Venezuela lo "rectifique” inmediatamente.
Muchos observadores especulan que Santos, al igual que Maduro, puede beneficiarse políticamente de una escalada de tensiones fronterizas. En octubre, tendrán lugar en Colombia elecciones para gobernadores y alcaldes. Santos está políticamente débil, y podría beneficiarse jugando la carta nacionalista.
Los países latinoamericanos no deberían permitir que se derrame una sola gota de sangre en estos viejos conflictos fronterizos resucitados artificialmente. Cuando la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, visite Washington la próxima semana, Barack Obama debería señalarle el peligro de una guerra fronteriza para convencerla de aumentar la presión sobre Maduro para que deje de comportarse como un dictador tropical del siglo XIX.
Inflar un conflicto fronterizo latente para agitar las pasiones nacionalistas es el truco más viejo del manual de los demagogos. Ha funcionado antes, y Maduro lo usa ahora como último recurso para tratar de mantener sus poderes absolutos.
