
Ante las corrientes de pensamiento que pueden aparecer, en la tarea de interpretar nuestro sentido y nuestras conductas, se hace indispensable la reflexión crítica. Somos una especie inteligente que incluye la permanencia y el cambio. Esta es la razón de los párrafos que siguen.
La especie humana está regida e impulsada, por tres mandatos fundamentales, a los que, como especie, no puede renunciar.
*- El primero, en su lógica intrínseca, es el de la sobrevivencia, que implica la procreación. Si no hay procreación no hay sobrevivencia, y eso conllevaría la desaparición irremediable de la especie. Lo que suprimiría cualquier otro cuestionamiento. No habría seres humanos y, por lo tanto, ninguna pregunta ni la necesidad de ninguna respuesta.
No habrían existido Platón, la Madre Teresa de Calcuta, Luther King, ni usted que está leyendo.
Este mandato no obliga necesariamente a todo individuo, pero sí, a la especie. Por eso la conformación binaria, masculino y femenino, que es primordialmente constitutiva. Cada célula de cada cuerpo es XY, (masculino), o XX, (femenino). Y esto es así desde su primigenio origen, antes de toda autopercepción, y lo será siempre, mientras ese cuerpo exista.
*- A partir de este primer mandato comprendemos el segundo, que sí compromete, no sólo a la especie, sino a todos sus miembros. Es el mandato de la convivencia. Estamos llamados, siendo diferentes y diversos, a convivir en una relación amistosa. El llamado no es a la confrontación y a la guerra. Es a la mutua aceptación, la tolerancia y el amor. El llamado es a la inclusión, no a la exclusión. "Somos-siendo-con-los-otros". El camino es el diálogo.
*- Y el tercer gran mandato de la especie humana, también irrenunciable e imposible de eliminar, es el de la excelencia. Una especie inteligente no puede evitar su progreso para mejorar su calidad de vida, y la comprensión de su propio sentido. Porque se descubre no terminada y necesitada de terminarse. Por eso creó el lenguaje, y no pudo no inventar el fuego, la rueda, el avión y las operaciones del cerebro. La filosofía. Y las religiones.
Y tampoco este compromete, de la misma forma, a todos y cada uno de sus miembros; pero sí, inexorablemente, a la especie.
Cualquier intento de negar estos tres mandatos, se vería entrampado en el compromiso de concebir una nueva forma de existencia, "libre de todo mandato", y que, por lo mismo, no fuera la especie inteligente que es la humana.
¿Es pensable que alguien pueda otorgarse tamaño poder creador?
Por Julio César Labaké
Bach. en Filosofía, Lic. en Psicología y Dr. en Psicología Social.
